El plato en cuestión es carne con tomate. En primer lugar se pica una cebolla de buen tamaño y dos o tres dientes de ajo y se ponen a rehogar en una sartén grande, con un buen chorro de aceite de oliva virgen (yo es que no cocino con otro). Cuando la cebolla está pochada, se añade medio kilo de carne de ternera cortada en daditos, ni muy gruesos ni muy pequeños. En este punto, se añade un poco de sal. Se van dando vueltas a fuego medio o medio-lento, para que la carne se haga por dentro. Lo mantenemos a ese fuego como unos veinte minutos (el tiempo es aproximado, lo mejor es estar pendiente) removiendo alguna que otra vez. Cuando vemos que la carne ya está algo cocinada, añadimos champiñones en láminas, unos doscientos gramos. Yo esta vez he echado una lata, pero es mejor echar champiñones naturales, hay una diferencia enorme. El problema con los naturales es que sueltan mucha agua, pero o bien se deja reducir el líquido, o se escurre un poco.
Cuando los champiñones ya están también hechos, añadimos el contenido de una lata de un kilo de tomate triturado (digo un kilo, pero las latas suelen ser de 800 grs.). Un poco más de sal, un puñado de comino en grano, cuatro o cinco cucharadas de azúcar (para quitar acidez) y a remover todo, que se mezcle bien. Ahora lo dejamos a fuego medio-lento, moviendo de vez en cuando, unos cuarenta minutos. Y ya está.

Por cierto, esta receta no sería nada del agrado de Julian Barnes, el autor de El perfeccionista en la cocina, libro del que hablé un poco, y es que éste hombre espera encontrar en las recetas tiempos y medidas exactas. Tal vez yo no sea un perfeccionista... pero me lo paso bien.
Ah, y no me voy a comer esa sartenaza, claro está, saco un poco para el curro y congelo el resto en dos tappers, y ya tengo comida para dos días más. Ahora quizá cueza algunos macarrones y se los mezcle ya en el sito de comer. Creo que estará bueno.
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