Empleé de verdura: una cebolla, dos dientes de ajo, un trozo de puerro, una zanahoria, un cuarto de pimiento rojo, cuatro o cinco judías verdes, una patata mediana y una hoja de laurel. Y de carne: un chorizo asturiano, un trozo de panceta salada y un hueso de jamón.
La cosa no puede ser más simple. Se pone aceite en la olla. El ajo se echa pelado pero entero (o sólo partido por la mitad), y la cebolla se pica. Cuando la cebolla empieza a estar transparente, se añade el resto de la verdura también picada (las patatas según el tamaño en que deseemos encontrárnosla) y se sigue haciendo el sofrito un rato más. Después se añade el laurel, el chorizo entero, la panceta troceada y el hueso de jamón. Se le da un par de vueltas. Nos quedará algo así.
Después se añaden las fabas escurridas (han tenido que estar en remojo al menos doce horas) y se cubren con agua fría. Yo añado la sal en este momento.
Lo ponemos a fuego medio o lento para que empiece a calentar poco a poco. Justo cuando empiece a hervir, echamos medio vasito de agua fría y esperamos a que vuelva a hervir de nuevo. Entonces comenzarán a aflorar las impurezas en forma de espuma.
Vamos quitando esta espuma con un cucharón con cuidado, poco a poco. Cuando pase un rato y apenas salga más, lo dejamos hervir a fuego medio. Yo lo tuve hora y media al fuego.
Después sólo queda servir y comer. Os aseguro que el plato estaba riquísimo. Tanto, que hoy hemos repetido. Eso sí, hay que aprender a convivir con el daño colateral en forma de gases.





