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lunes, junio 02, 2014

Mapa de los Recuerdos de Madrid

Tal vez este recuerdo pudiera pasar a formar parte en un futuro lejano, de un nuevo Mapa de los Recuerdos de Madrid. Y es que hay cosas que parece que ocurren porque tenían que ocurrir.

Una mañana (creo que de viernes, pero de eso no estoy seguro), tuve que hacer algo que habitualmente no hago: coger el coche por la mañana para ir a algún sitio. En el coche, puse la radio, la Cadena SER Madrid. Allí hablaban de un proyecto que me pareció muy interesante: el Mapa de los recuerdos de Madrid. Inmediatemente, me apeteció formar parte de ese proyecto.


Entre las entrevistadas, estaba Alicia Luna, a la que conocí en algún curso del gran Sanchis Sinisterra.  Contacté con ella y ella me puso en contacto con Daniel Ramírez, director de todo el meollo. Le había facilitado un recuerdo mío que había escrito hace cuatro años en este mismo blog. En su respuesta, me dijo que parecía que era guionista, por cómo lo había contado. Le respondí que, efectivamente, lo era. Y que si no participaba con un recuerdo, podía hacerlo escribiendo.

Y así me vi de pronto convirtiendo un recuerdo ajeno en algo mío. Me lo pasé muy bien escribiéndolo y se lo hice llegar a Daniel.

Ahora, dentro de un mes, el proyecto empezará a grabarse, y a finales de Julio se proyectará en el Matadero, dentro del prestigioso festival FRINGE.

Estoy muy agradecido por que me hayan dejado aportar un pequeño mojón en el camino de este mapa, muy expectantente ante el resultado final y muy ilusionado con todo, así, en general.

¡Nos vemos en el Matadero!

sábado, mayo 31, 2014

Desigualdad para tontos

No entiendo mucho de economía, ni demasiado de política económica, pero entiendo de tener poco dinero, de pasar apuros, de ver en las noticias (y a mi alrededor) cómo la gente cada vez tiene (tenemos) menos posibilidades.

Los gobiernos (no solo el nuestro, parece que es algo de todo occidente) se han empeñado desde hace bastantes años en que para que haya trabajo hay que facilitarle la vida al empresario y arruinársela al trabajador. Simplificando, que hay que bajar salarios.

Os recomiendo, casi os ordeno, que veáis el documental Inequality for all (en el link está el sitio de descarga del documental y de los subtítulos, pero no deis donde dice «Descarga» en grande en un botón naranja, es el típico reclamo. Bajad y elegid entre Torrent o e-mule).

En él, Robert Reich nos da una gran lección de por qué en Estados Unidos hay cada vez más brecha entre ricos y pobres y que esa es la verdadera causa de la crisis. Robert Reich no es ningún teórico loco. Es un tipo que parece muy inteligente y que ha trabajado para varios gobiernos americanos, incluso llegó a ser Secretario de trabajo con Bill Clinton. 

Mejor lo veis, porque no tiene desperdicio, y además de didáctico es bastante entretenido. Y si estáis estudiando inglés, al tipo se le entiende muy bien.

Os puedo adelantar una de las sencillas ideas que transmite: antes de los 70 en EE. UU. se vivía una época de prosperidad. A partir de los 70 la economía se fue complicando y cada vez hay más crisis. Esa época coincidió con un estancamiento (y posterior bajada) de salarios.
Los ricos son cada vez más ricos, y la clase media cada vez más pobre.

La idea es simple. Un rico, por muy rico que sea, no va a comprar más de tres pantalones al año (es un ejemplo). Por cien o doscientos ricos, dan unos seiscientos pantalones. Si cada uno de los trescientos millones de clase media americana compra tres pantalones, eso nos da novecientos millones de pantalones. ¿Lo veis? La clase media es la que hace que la economía vaya bien. Si le bajas el salario, si le quitas la posibilidad de consumir, las empresas empezarán a ir mal.

Tan sencillo, que entran ganas de abofetear a más de un político. Y no miro a nadie.

sábado, mayo 24, 2014

Bocadillo de garbanzos según los preparan en el monte Colibrí

En la anterior entrada (escrita hace ya dos meses, vaya) un usuario anónimo me pedía que hablara sobre mi recién terminada novela en este blog. Tiene toda la razón del mundo. De vez en cuando descuido a esta criatura mía, y no se lo merece después de más de nueve años de escritura casi continua.
Para ir abriendo boca, os comentaré que la novela tiene un anexo en el que doy las recetas de los platos que van apareciendo a lo largo de sus páginas. Y como muestra os voy a transcribir aquí la más extraña de todas, un bocadillo de garbanzos. Sí, como lo oís. Es algo que se llevan los gnomos como tentempié cuando van de viaje. Aquí va la receta tal cual está escrita en el libro.

BOCADILLO DE GARBANZOS
Un extraño tentempié. Pero lo hemos probado y la verdad es que nos hemos sorprendido.
Ingredientes
• Pan
• Garbanzos (200 grs.)
• Hojas de espinaca
• Pepinillos
• Un tomate
• Aceite

Se ponen los garbanzos en remojo toda una noche. Al día siguiente se hierven en agua con un poquito de aceite, una hoja de laurel y sal. Cuando estén blandos, se escurren, se quita la hoja de laurel y se trituran hasta obtener una pasta.
Abrimos el pan de bocadillo por la mitad. Lo untamos ligeramente con aceite. Cubrimos la parte de abajo con pasta de garbanzos. Añadimos hojas de espinacas, pepinillos en rodajas, un tomate en rodajas, y cerramos. Un bocadillo sano y nutritivo.

domingo, marzo 16, 2014

Con la música a otra parte

El título del post no es muy original, pero es para que por si casualidad llega al ordenador de Wert, sea capaz de entenderlo.

Parece que la asignatura de música corre serio peligro de desaparecer. Yo no recuerdo haber dado música en mi infancia, y, al igual que a Jordi Sierra i Fabra, me hubiera gustado. No cito a este autor para compararme con él (ojalá me pareciera aunque fuera un poquito), sino porque en esta situación actual, creo que es conveniente traer unas pocas palabras del agradecimiento de su novela El asesinato del profesor de música:
«Aún pienso que saber música, y más aún, saber tocar un instrumento, ha de ser genial, glorioso y especial. Creo firmemente que el arte nos hace mejores personas, nos acerca al unvierso, al Todo, y de entre las muchas artes, la música es una de las más sublimes. Ojalá hubiera más horas de música en los colegios y no tan solo fuera un "latazo" para muchos o la forma de cubrir un expediente para otros». 

Está escrito en 2011. Tres años después, parece que hay algún ministro de Cultura que promueve la incultura.

domingo, febrero 09, 2014

Sobre el aborto

Ahora que la ley de Gallardón quiere retroceder hasta una ley de supuestos en que casi no hay supuestos posibles, me ha apetecido rescatar algunos pasajes del libro Mis líos con el cine, donde John Irving nos cuenta cómo fue su experiencia de adaptar la novela Príncipes de Maine, reyes de Nueve Inglaterra al guión de Las normas de la Casa de la Sidra. Y dado que tanto la novela como la película tratan el tema del aborto, en este libro también se habla de ello.
Copio algunos fragmentos, que, aunque están referidos a EE. UU., no está de mas leer.

«Desde los tiempos coloniales, el aborto siempre se había permitido hasta que el feto "se movía"; en otras palabras, hasta que el feto estaba lo bastante desarrollado para efectuar por sí mismo unos movimientos diferenciables de los de la madre. Así pues, durante el primer trimestre del embarazo, el aborto era legal en Estados Unidos, incluso en la época de los puritanos. A pesar de lo proclives que eran al castigo los padres fundadores, profundamente religiosos, el aborto no concernía más que a la misma mujer embarazada». 
Cuenta que en 1840, el aborto se declara ilegal en Maine y después se extiende la ilegalización a todo Estados Unidos, hasta 1973, cuando el Supremo decide que la mujer tiene el derecho constitucional a abortar. Y se pregunta, ¿qué ocasionó que se convirtiera algo legal en ilegal? Y lo explica.
«Irónicamente, los primeros en socavar el derecho de la mujer al aborto fueron los médicos. En los años treinta del siglo XIX, un grupo de doctores de la Asociación Médica Americana creía que las comadronas ganaban demasiado dinero con la práctica de abortos, un dinero que, en opinión de los médicos, ellos deberían embolsarse. Argumentaban que, desde el punto de vista médico, practicar un aborto era mucho más difícil que asistir a una mujer durante el parto, por lo que solamente los médicos deberían realizar la intervención. Sin embargo, hacía mucho tiempo que las comadronas practicaban abortos con un grado de seguridad equiparable al de los médicos.

     [...]Sin embargo, en 1840 un grupo de médicos logró que se prohibiera a las comadronas practicar abortos, y una vez que los únicos legalmente autorizados a realizar la operación fueron los médicos, otro grupo de galenos (pero no un grupo totalmente diferente) cabildearon en el seno de la Asociación Médica Americana para que se declarase ilegal el aborto.
Esto resulta tan desconcertante como contradicotorio [...] Al principio habían querido el dinero que las comadronas ganaban con el aborto. Pero entonces, cuando algunos de esos mismos médicos reconocieron lo abrumadora que era la necesidad del aborto, no quisieron saber nada de la intervención». 
Vamos, que parece que el derecho a la vida ni se planteaba para la prohibición, que la cosa era más por algo puramente monetario. Como siempre.

Y en el terreno de la opinión, continúa:

«Pensad en el movimiento actual del derecho a la vida. Le da pábulo algo más fuerte que la preocupación por los derechos de los no nacidos. (Quienes defienden ese movimiento muestran muy poco interés por los niños una vez que han nacido.) Lo que subyace en el mensaje del derecho a la vida forma parte del puritanismo sexual básico de Estados Unidos. Sus partidarios creen que eso que ellos perciben como promiscuidad debería recibir un castigo. Las chicas que quedan embarazadas deberían pagar el pato.
     Esta manera de pensar es más invasora que muchas otras manifestaciones de invasión de la intimidad. ¿Hay algo que requiera mayor intimidad que la decisión de tener o no tener un hijo? ¿No se debe primar el sentido común en semejante decisión? (Si no apruebas el aborto, no te sometas a el; si no queres tener un hijo, aborta.)».
Pues eso.



viernes, enero 31, 2014

Sopa de pescado de la suegra



Ahora que hace frío, no está mal una buena sopa de pescado. Voy a deciros cómo preparar la que me enseñó mi suegra. Queda muy rica y es un plato que siempre triunfa. Vamos por pasos. 

1.-

En una olla se echa rape (puede ser media cabeza, o medio kilo de huesos de rape, o un buen trozo de rape con hueso para que dé sabor) y otras raspas y cabezas de pescado que tengamos guardadas (o compradas para la ocasión). Cabezas y raspa de merluza o de pescadilla, por ejemplo.



Se llena la olla de agua, se echa sal y se pone a hervir. Cuando arranca a hervir, se deja entre diez minutos y un cuarto de hora y se retira del fuego. Sacamos el pescado y lo dejamos enfriar en un plato. En la olla sólo dejamos el caldo. Yo, además, lo cuelo para quitar algunas impurezas que quedan por ahí.




2.-

En una sartén, se hace un sofrito con mucha verdura: dos cebollas, un par de dientes de ajo, una zanahoria, un pimiento rojo, un puerro…







 3.-

Cuando el sofrito está hecho, cogemos un buen trozo de pan duro. Lo cortamos y le echamos un poquito del caldo. Lo dejamos empapar y lo trituramos junto con el sofrito.



4.-

Cogemos también unos langostinos crudos, les quitamos las cabezas y los pelamos. Las cáscaras y las cabezas las echamos en una sartén y las sofreímos. Añadimos un chorrito de coñac y dejamos reducir un poco. Entonces también trituramos esto con la batidora. Se puede pasar por un tamizador para echarlo en el caldo. Como en mi casa no tengo tamizador, uso un colador y le voy dando con el mango del mortero para que se vaya colando sin que pasen las cáscaras.




Y ahora añadimos también el pan triturado con las verduras, que espesará el caldito.



5.-

Ahora cogemos el pescado que teníamos apartado y que estará frío. Con las manos desmenuzamos y sacamos toda la carne, sin que pase ninguna espina. Sacamos todo lo blanco en trocitos pequeños y lo echamos al caldo.



6.- 
Por último, con el caldo sólo templadito echamos los langostinos pelados y (si queremos) unas cuantas almejas que hemos tenido en remojo y limpiado de arenilla. Lo dejamos que vuelva a hervir para que las almejas se abran y los langostinos se cuezan, y ya está. Una rica sopa de pescado.



sábado, enero 25, 2014

Los hombres retroceden que es una barbaridad

Ver esta noticia me ha traído unos recuerdos de los que hablé precisamente hace poco con una amiga.

En mi casa, la de mi pueblo, la de mis padres, no teníamos teléfono. No hacía falta. Todos vivíamos allí. Existían cabinas para hacer llamadas a pocos metros. Había algún familiar con teléfono a la vuelta de la esquina. Así que yo no tenía costumbre de hablar por ese extraño aparato. De hecho, cuando alguna vez tenía que hacerlo, me sentía raro. No sabía cómo llevar una conversación sin ver el rostro de la otra persona.

A los dieciocho años me vine a Madrid. No podía llamar a mis padres. Pero llamaba a mi tía y le decía: «Eh, tita, avisa a mi madre, que vuelvo a llamar en diez minutos». Me quedaba rondando cerca de la cabina los citados diez minutos y volvía a marcar. Sencillo.

Llamaba solo cuando hacía falta (por asuntos que resolver o por necesidad emocional).

Todo aquello se acabó. No hace tanto y parece cosa no de otro siglo, sino de otra civilización. Estamos (me incluyo) gilipollas con los teléfonos. Que si sms, que si whatsapp, que si tarifa plana, que si tarifa de datos,...Y ahora, un cine que ofrece la posibilidad de cargar los móviles mientras vemos la película. ¿Para qué?

Hay un cuento de Cortázar que dice que cuando te regalan un reloj, te pasas la vida mirándolo, pensando si es bueno, consultándolo, con la necesidad de darle cuerda todos los días... en verdad eres tú el ofrecido como regalo al reloj.

Cortázar tuvo suerte. No conoció los móviles.

jueves, diciembre 19, 2013

Algo de teoría con ejemplos

Hace poco di un taller sobre guión de cortometraje en Lora del Río. Utilicé una presentación de Prezi para apoyarme. Aunque sin explicaciones no es lo mismo y muchas cosas no se entenderán, dejo aquí la presentación para quien le pueda interesar.

miércoles, noviembre 06, 2013

Gobierno S.A.

¿Todavía piensas que quienes nos gobiernan son unos políticos a los que votamos cada cuatro años? No. Esos son solo la parte visible de los que de verdad mandan, las marionetas que se nos ofrecen a los mortales para que nos entretengamos, los cabezas de turco a los que queremos linchar mientras los verdaderos mandamases fuman sus puros tranquilamente. Porque quienes de verdad gobiernan, quienes de verdad deciden sobre todas las políticas son las grandes compañías.

Y si no me crees, hay una reciente ley que lo demuestra casi sin lugar a dudas. Voy a poner un caso y después te hago una o dos preguntas.

Supongamos que te construyes una casita en el campo con todos los requisitos legales habidos y por haber. Como está en una zona despejada y luminosa, te instalas unas placas solares que te permiten generar la suficiente energía eléctrica para autoabastecerte, incluso te sobra una poquita que puedes dar a la red general. Estás feliz como una perdiz con tu decisión y tu autoconsumo. Se acabaron las enormes facturas de la luz.

Ahora la pregunta: ¿qué haría un gobierno que gobierna para la gente? Probablemente te daría una palmadita en la espalda y te diría: genial, eres un ahorrador, lo que hace falta en estos momentos. Y encima no contaminas. Y encima das energía a la red general. Como lo haces tan bien, te vamos a pagar esa energía que te sobra. Te pagaremos poco, que somos gobierno y tampoco vamos a ir ahora de santos, pero algo te daremos, ¿vale?

Es algo que parece lógico. Ahora otra pregunta: ¿qué haría un gobierno que gobierna para las grandes compañías? Te diría: eh, ¿qué haces, insensato? Vas a dejar de pagar dinero a las compañías eléctricas, como haya mucha gente más como tú, van a dejar de ingresar millonadas de euros cada segundo. ¿Qué eres, un puto revolucionario? Y encima tienes la desfachatez de enviar energía a la red, ¿para qué? ¿Para abaratar la factura a otros usuarios? Nada, nada. Esto no se puede permitir. Te lo prohibo terminantemente.

Pero entonces las grandes compañías llaman al gobierno: "A ver, chavalito, no andes prohibiendo, que se nos va a ver demasiado el plumero. Ponles un impuesto que te cagas a esos listillos, y ya está. Verás cómo se les quitan las ganas de andar autoconsumiendo y siguen pagándonos a nosotros, que es lo que hay que hacer, hombre".

Así que el gobierno que gobierna para las grandes compañías, pasa de sus ciudadanos y planta un impuesto al sol y al viento.

Es algo que viene sólo de este verano, pero así seguimos.

Hasta que reventemos.