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domingo, marzo 16, 2014

Con la música a otra parte

El título del post no es muy original, pero es para que por si casualidad llega al ordenador de Wert, sea capaz de entenderlo.

Parece que la asignatura de música corre serio peligro de desaparecer. Yo no recuerdo haber dado música en mi infancia, y, al igual que a Jordi Sierra i Fabra, me hubiera gustado. No cito a este autor para compararme con él (ojalá me pareciera aunque fuera un poquito), sino porque en esta situación actual, creo que es conveniente traer unas pocas palabras del agradecimiento de su novela El asesinato del profesor de música:
«Aún pienso que saber música, y más aún, saber tocar un instrumento, ha de ser genial, glorioso y especial. Creo firmemente que el arte nos hace mejores personas, nos acerca al unvierso, al Todo, y de entre las muchas artes, la música es una de las más sublimes. Ojalá hubiera más horas de música en los colegios y no tan solo fuera un "latazo" para muchos o la forma de cubrir un expediente para otros». 

Está escrito en 2011. Tres años después, parece que hay algún ministro de Cultura que promueve la incultura.

domingo, febrero 09, 2014

Sobre el aborto

Ahora que la ley de Gallardón quiere retroceder hasta una ley de supuestos en que casi no hay supuestos posibles, me ha apetecido rescatar algunos pasajes del libro Mis líos con el cine, donde John Irving nos cuenta cómo fue su experiencia de adaptar la novela Príncipes de Maine, reyes de Nueve Inglaterra al guión de Las normas de la Casa de la Sidra. Y dado que tanto la novela como la película tratan el tema del aborto, en este libro también se habla de ello.
Copio algunos fragmentos, que, aunque están referidos a EE. UU., no está de mas leer.

«Desde los tiempos coloniales, el aborto siempre se había permitido hasta que el feto "se movía"; en otras palabras, hasta que el feto estaba lo bastante desarrollado para efectuar por sí mismo unos movimientos diferenciables de los de la madre. Así pues, durante el primer trimestre del embarazo, el aborto era legal en Estados Unidos, incluso en la época de los puritanos. A pesar de lo proclives que eran al castigo los padres fundadores, profundamente religiosos, el aborto no concernía más que a la misma mujer embarazada». 
Cuenta que en 1840, el aborto se declara ilegal en Maine y después se extiende la ilegalización a todo Estados Unidos, hasta 1973, cuando el Supremo decide que la mujer tiene el derecho constitucional a abortar. Y se pregunta, ¿qué ocasionó que se convirtiera algo legal en ilegal? Y lo explica.
«Irónicamente, los primeros en socavar el derecho de la mujer al aborto fueron los médicos. En los años treinta del siglo XIX, un grupo de doctores de la Asociación Médica Americana creía que las comadronas ganaban demasiado dinero con la práctica de abortos, un dinero que, en opinión de los médicos, ellos deberían embolsarse. Argumentaban que, desde el punto de vista médico, practicar un aborto era mucho más difícil que asistir a una mujer durante el parto, por lo que solamente los médicos deberían realizar la intervención. Sin embargo, hacía mucho tiempo que las comadronas practicaban abortos con un grado de seguridad equiparable al de los médicos.

     [...]Sin embargo, en 1840 un grupo de médicos logró que se prohibiera a las comadronas practicar abortos, y una vez que los únicos legalmente autorizados a realizar la operación fueron los médicos, otro grupo de galenos (pero no un grupo totalmente diferente) cabildearon en el seno de la Asociación Médica Americana para que se declarase ilegal el aborto.
Esto resulta tan desconcertante como contradicotorio [...] Al principio habían querido el dinero que las comadronas ganaban con el aborto. Pero entonces, cuando algunos de esos mismos médicos reconocieron lo abrumadora que era la necesidad del aborto, no quisieron saber nada de la intervención». 
Vamos, que parece que el derecho a la vida ni se planteaba para la prohibición, que la cosa era más por algo puramente monetario. Como siempre.

Y en el terreno de la opinión, continúa:

«Pensad en el movimiento actual del derecho a la vida. Le da pábulo algo más fuerte que la preocupación por los derechos de los no nacidos. (Quienes defienden ese movimiento muestran muy poco interés por los niños una vez que han nacido.) Lo que subyace en el mensaje del derecho a la vida forma parte del puritanismo sexual básico de Estados Unidos. Sus partidarios creen que eso que ellos perciben como promiscuidad debería recibir un castigo. Las chicas que quedan embarazadas deberían pagar el pato.
     Esta manera de pensar es más invasora que muchas otras manifestaciones de invasión de la intimidad. ¿Hay algo que requiera mayor intimidad que la decisión de tener o no tener un hijo? ¿No se debe primar el sentido común en semejante decisión? (Si no apruebas el aborto, no te sometas a el; si no queres tener un hijo, aborta.)».
Pues eso.



viernes, enero 31, 2014

Sopa de pescado de la suegra



Ahora que hace frío, no está mal una buena sopa de pescado. Voy a deciros cómo preparar la que me enseñó mi suegra. Queda muy rica y es un plato que siempre triunfa. Vamos por pasos. 

1.-

En una olla se echa rape (puede ser media cabeza, o medio kilo de huesos de rape, o un buen trozo de rape con hueso para que dé sabor) y otras raspas y cabezas de pescado que tengamos guardadas (o compradas para la ocasión). Cabezas y raspa de merluza o de pescadilla, por ejemplo.



Se llena la olla de agua, se echa sal y se pone a hervir. Cuando arranca a hervir, se deja entre diez minutos y un cuarto de hora y se retira del fuego. Sacamos el pescado y lo dejamos enfriar en un plato. En la olla sólo dejamos el caldo. Yo, además, lo cuelo para quitar algunas impurezas que quedan por ahí.




2.-

En una sartén, se hace un sofrito con mucha verdura: dos cebollas, un par de dientes de ajo, una zanahoria, un pimiento rojo, un puerro…







 3.-

Cuando el sofrito está hecho, cogemos un buen trozo de pan duro. Lo cortamos y le echamos un poquito del caldo. Lo dejamos empapar y lo trituramos junto con el sofrito.



4.-

Cogemos también unos langostinos crudos, les quitamos las cabezas y los pelamos. Las cáscaras y las cabezas las echamos en una sartén y las sofreímos. Añadimos un chorrito de coñac y dejamos reducir un poco. Entonces también trituramos esto con la batidora. Se puede pasar por un tamizador para echarlo en el caldo. Como en mi casa no tengo tamizador, uso un colador y le voy dando con el mango del mortero para que se vaya colando sin que pasen las cáscaras.




Y ahora añadimos también el pan triturado con las verduras, que espesará el caldito.



5.-

Ahora cogemos el pescado que teníamos apartado y que estará frío. Con las manos desmenuzamos y sacamos toda la carne, sin que pase ninguna espina. Sacamos todo lo blanco en trocitos pequeños y lo echamos al caldo.



6.- 
Por último, con el caldo sólo templadito echamos los langostinos pelados y (si queremos) unas cuantas almejas que hemos tenido en remojo y limpiado de arenilla. Lo dejamos que vuelva a hervir para que las almejas se abran y los langostinos se cuezan, y ya está. Una rica sopa de pescado.



sábado, enero 25, 2014

Los hombres retroceden que es una barbaridad

Ver esta noticia me ha traído unos recuerdos de los que hablé precisamente hace poco con una amiga.

En mi casa, la de mi pueblo, la de mis padres, no teníamos teléfono. No hacía falta. Todos vivíamos allí. Existían cabinas para hacer llamadas a pocos metros. Había algún familiar con teléfono a la vuelta de la esquina. Así que yo no tenía costumbre de hablar por ese extraño aparato. De hecho, cuando alguna vez tenía que hacerlo, me sentía raro. No sabía cómo llevar una conversación sin ver el rostro de la otra persona.

A los dieciocho años me vine a Madrid. No podía llamar a mis padres. Pero llamaba a mi tía y le decía: «Eh, tita, avisa a mi madre, que vuelvo a llamar en diez minutos». Me quedaba rondando cerca de la cabina los citados diez minutos y volvía a marcar. Sencillo.

Llamaba solo cuando hacía falta (por asuntos que resolver o por necesidad emocional).

Todo aquello se acabó. No hace tanto y parece cosa no de otro siglo, sino de otra civilización. Estamos (me incluyo) gilipollas con los teléfonos. Que si sms, que si whatsapp, que si tarifa plana, que si tarifa de datos,...Y ahora, un cine que ofrece la posibilidad de cargar los móviles mientras vemos la película. ¿Para qué?

Hay un cuento de Cortázar que dice que cuando te regalan un reloj, te pasas la vida mirándolo, pensando si es bueno, consultándolo, con la necesidad de darle cuerda todos los días... en verdad eres tú el ofrecido como regalo al reloj.

Cortázar tuvo suerte. No conoció los móviles.

jueves, diciembre 19, 2013

Algo de teoría con ejemplos

Hace poco di un taller sobre guión de cortometraje en Lora del Río. Utilicé una presentación de Prezi para apoyarme. Aunque sin explicaciones no es lo mismo y muchas cosas no se entenderán, dejo aquí la presentación para quien le pueda interesar.

miércoles, noviembre 06, 2013

Gobierno S.A.

¿Todavía piensas que quienes nos gobiernan son unos políticos a los que votamos cada cuatro años? No. Esos son solo la parte visible de los que de verdad mandan, las marionetas que se nos ofrecen a los mortales para que nos entretengamos, los cabezas de turco a los que queremos linchar mientras los verdaderos mandamases fuman sus puros tranquilamente. Porque quienes de verdad gobiernan, quienes de verdad deciden sobre todas las políticas son las grandes compañías.

Y si no me crees, hay una reciente ley que lo demuestra casi sin lugar a dudas. Voy a poner un caso y después te hago una o dos preguntas.

Supongamos que te construyes una casita en el campo con todos los requisitos legales habidos y por haber. Como está en una zona despejada y luminosa, te instalas unas placas solares que te permiten generar la suficiente energía eléctrica para autoabastecerte, incluso te sobra una poquita que puedes dar a la red general. Estás feliz como una perdiz con tu decisión y tu autoconsumo. Se acabaron las enormes facturas de la luz.

Ahora la pregunta: ¿qué haría un gobierno que gobierna para la gente? Probablemente te daría una palmadita en la espalda y te diría: genial, eres un ahorrador, lo que hace falta en estos momentos. Y encima no contaminas. Y encima das energía a la red general. Como lo haces tan bien, te vamos a pagar esa energía que te sobra. Te pagaremos poco, que somos gobierno y tampoco vamos a ir ahora de santos, pero algo te daremos, ¿vale?

Es algo que parece lógico. Ahora otra pregunta: ¿qué haría un gobierno que gobierna para las grandes compañías? Te diría: eh, ¿qué haces, insensato? Vas a dejar de pagar dinero a las compañías eléctricas, como haya mucha gente más como tú, van a dejar de ingresar millonadas de euros cada segundo. ¿Qué eres, un puto revolucionario? Y encima tienes la desfachatez de enviar energía a la red, ¿para qué? ¿Para abaratar la factura a otros usuarios? Nada, nada. Esto no se puede permitir. Te lo prohibo terminantemente.

Pero entonces las grandes compañías llaman al gobierno: "A ver, chavalito, no andes prohibiendo, que se nos va a ver demasiado el plumero. Ponles un impuesto que te cagas a esos listillos, y ya está. Verás cómo se les quitan las ganas de andar autoconsumiendo y siguen pagándonos a nosotros, que es lo que hay que hacer, hombre".

Así que el gobierno que gobierna para las grandes compañías, pasa de sus ciudadanos y planta un impuesto al sol y al viento.

Es algo que viene sólo de este verano, pero así seguimos.

Hasta que reventemos.

domingo, noviembre 03, 2013

Confesiones de domingo

Este fin de semana se está reponiendo en los Kinépolis una película que para muchos es mítica: Los Goonies. Pues bien, voy a aprovechar para dar un paso adelante, dejar de esconderme y confesar una verdad casi inconfesable: fui a ver Los Goonies al cine cuando la estrenaron y... ¡me pareció una patochada!
Lo siento. Era muy joven (aunque no tanto). Era incapaz de hacer un análisis de guión, de personajes, de comparativa con otras aportaciones al género juvenil. Solo sé que entré al cine de mi pueblo, la vi y pensé (lo recuerdo meridianamente bien): "pues no sé en qué se diferencia de una película de Parchís".
Puede ser que los dieciséis años que yo tenía no fuera la edad apropiada, que me pillara un poco a desmano. Sea como sea, es lo que pensé. 
Ahora que ya peino canas (las que me van quedando), oigo tanta exaltación a mi alrededor sobre esta película que nunca me he atrevido a decir la verdad, pero no podía más, me quemaba en mi interior. No podía seguir disimulando.
Los Goonies es una tontada. Ea, ya lo he dicho.

Y ahora, crucificadme si queréis.

viernes, octubre 25, 2013

El colegio de los tres años

Cuando tu hijo o hija cumple los tres años, ya puedes escolarizarlo. No es obligatorio pero hoy en día es lo normal. Hasta ahí, todo bien. No está mal que tu hija (ahora ya personalizo en mi caso) juegue con otros niños, que aprenda cuatro cosas, que haga ejercicios básicos, incluso que haga fichas.

Con esto de la educación, más te vale hacerte caso a ti mismo. Está bien leer y escuchar todas las ramas, tendencias y teorías que hay sobre el tema. Unos te dirán que eso de las fichas es lo más horrible de lo horrible, otros que la escolarización mata la creatividad, otros que un niño sin escolarizar no socializa, otros que donde tiene que estar el niño más tiempo es con sus padres, no con extraños, otros que... en fin, hay ideas en todos los sentidos. Así que -como en la fábula del joven, el anciano y el burro- lo más sensato es oirlo todo y hacer lo que te parezca mejor a ti. Y a veces "lo mejor" quiere decir lo que más se adapta a tu vida.

Yo no me voy a meter con tendencias diferentes a la que he elegido, porque tampoco me gusta que se metan con la que hemos elegido nosotros. Pero sí hay algo que estoy viendo entre mis amigos con hijos y en mi propio caso y que me parece una tendencia muy extendida en cualquier tipo de escolarización. Una tendencia que sí me parece forzada e incluso antinatural. No sé si será igual en un pequeño pueblo, pero en Madrid, en los colegios quieren (queremos) que nuestros hijos "se hagan mayores".

Todos los refuerzos son "qué mayor eres", "qué bien lo haces ya, qué mayor", "ya no eres pequeño"... Reconozco usar este pequeño truco bastante a menudo. El problema viene cuando deja de usarse como truco y se convierte en obligación. Conozco un caso cercano de una madre a la que han reñido por llevar a su hija en carrito porque "debe acostumbrarse a ir andando", y la pobre mujer ha elegido un colegio a más de diez paradas de metro de su casa, a lo que hay que añadir el camino de casa al metro y del metro al cole. La hija tiene tres años. ¿Qué mal le hace ir un rato en el carrito a las ocho y pico de la mañana? A otro amigo le dijeron que su hijo era "muy infantil". Cojones, ¡tiene tres años!Hoy mismo iba a ayudar a mi hija a subir un tramo de escaleras dándole la mano y una cuidadora se ha interpuesto de buenas maneras para que suba sola al consabido ánimo de "qué mayor". Esa mujer no sabe que vivimos en un tercero sin ascensor y está más que acostumbrada a subir sola. En una reunión con los padres nos "riñeron" porque tenemos a los hijos muy consentidos. ¿A qué se referían? A que no se ponen solos los zapatos, a que no se saben quitar y poner bien ellos solos los jerseys. Pero mujer, si yo tengo 44 años y a veces me cuesta trabajo...
En fin, queremos (quieren) que nuestros hijos se conviertan en mayores demasiado pronto.


Alguien dijo (creo que Rilke, pero no me hagáis mucho caso) que la única patria era la infancia, pero si seguimos así, vamos a dejar a nuestros hijos sin patria sobre la que soñar.

lunes, octubre 21, 2013

Fuga de cerebros

Como decía el sábado, hacía mucho tiempo que no escribía en este blog pero creo que el asunto que voy a tratar merece un post.
Todos los guionistas sabemos que a veces tenemos que enfrentarnos a productores ejecutivos, responsables de cadena o responsables en general que se preocupan más de cuidar su sillón que de si la trama funciona o no. Eso, para ellos es lo de menos.

Pero no voy a hablar de eso. Voy a hablar de otros responsables. Ahora que hay crisis, los guionistas tenemos que ingeniárnoslas para subsistir. No hablo sólo de pedir prestado a familiares y amigos, ni de dejar de comprar en el supermercado del Corte Inglés y pasar al Lidl. Hablo de coger trabajos con menos lustre. Incluso dentro del guión. 

Ya sabéis que varios compañeros fundamos la sociedad Primera Versión. Actualmente somos cinco guionistas que seguimos pergeñando ideas y llamando a todas las puertas posibles. Entre ellas a las de las empresas.

Hace poco hicimos varios guiones para Ayuda en Acción, para unas piezas que están emitiendo actualmente en Boing. Ahí sólo nos encargamos del guión.

Pero hace menos nos llamaron de un organismo público (no voy a citar cuál, por eso de que dice el pecado, pero no el pecador) para encargarnos un vídeo de un minuto para ponerlo como inicio en un congreso. El presupuesto estaba cerrado: 6000 euros. No, no por el guión. Seis mil euros por el vídeo, por todo: guión, grabación (con su correspondiente sonido, iluminación, cámaras, equipo técnico…), sonorización, edición y todos los “on” que se os ocurran.

Contactamos con Atmósfera (como suele decirse, una productora amiga) y fuimos a una reunión con los responsables del organismo a ver qué tenían que decir. Era poco dinero, pero si nos ajustábamos y podíamos sacar unas perrillas, buenas eran.

En la reunión se habla de tal, cual o pascual y quedamos en enviarles algunas propuestas de lo que podemos hacer con ese dinero. Nos reunimos, pensamos varias, descartamos algunas por contenido y otras porque se iban de presupuesto y como corría muchísima prisa presentamos cuatro propuestas al día siguiente de la reunión.

Y lo surrealista del asunto llega entonces. La señora responsable del organismo llama por teléfono a uno de nosotros con muy malas maneras y falta de educación para decir que le horrorizan todas las propuestas, que son deprimentes y poco elegantes. No pareció entender que precisamente eran propuestas para ver si era por ahí por donde había que tirar o por otro sitio. Pero bueno, maleducados hay en todas partes, lo malo es que como si lo tuviera pensado desde antes de la reunión pero se lo hubiera guardado, dice que lo que quieren es un vídeo con cuatro famosos saliendo de su logotipo y hablando sobre el asunto que se trata. Y cita a los famosos que quiere: Plácido Domingo, Vargas Llosa, Moneo…

La persona de Primera Versión le pregunta si ya han contactado con ellos y dice que no, que “para eso ya cobráis vosotros”.

Y encima amenaza con que si no sabíamos hacerlo, pues que llamarían a otros que supieran.
Obviamente, le dijimos que adelante, que renunciábamos, que llamara a otros. Nosotros por 6000 euros podemos prostituirnos, pero sólo hasta cierto punto. Eso sí, nosotros respondimos con elegancia y educación, cosas de la que carecía la señora. Dudo que cualquiera de los famosos citados se digne a decir media frase por el doble de ese dinero, y no está la cosa para andar poniendo miles de euros del bolsillo para trabajar.

Aunque todo llegará.

Qué país.