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miércoles, junio 29, 2005

Green Day

Dejo la quinta crónica del Metrorock para otro momento, porque ayer fui a un conciertazo: Green Day en el Rockodromo (¿o es Rocódromo?) de Madrid. Por un accidente creo que del cantante, no actuaron los teloneros, Jimmy Eat World, así que el concierto empezó de una manera un tanto surrealista. A las nueve y media o así apareció en el escenario un tipo vestido de conejo Duracell bebiendo botellines de cerveza. La gente estaba con tantas ganas de marcha, que lo jaleaban como si fuera una estrella. El tipo se bebió dos botellines y se marchó. Que alguien me lo explique.

Y después, sí, el conciertazo. Si algo saben hacer los americanos es espectáculo, y vaya si lo hicieron. Luces, explosiones, fuegos artificiales, llamaradas, banderas que caen, una pasarela para acercarse al público... y un final con el recinto cubierto de confeti al más puro estilo "elecciones americanas".

La banda apareció y arrancó con el American Idiot, llevándonos a todos por delante. Después el Jesus of Suburbia, con todos sus cambios de ritmo. Y ya no me acuerdo del orden de las canciones, pero iban una tras otra como una tralla, con intervenciones del cantante (todo un showman), que intentaba chapurrear en español con cierto éxito (¿cuantas veces pudo gritar "Madriiiid"?). Se lanzaron incluso a una versión del Shout que nos hizo bailar (más) como descocidos.
Y la apoteosis llegó cuando arrancaron los primeros acordes del Basket Case. No importaba lo cansada que pudieran estar ya las piernas, nuevos saltos, nuevos empujones...

El público era en su mayoría gente muy joven, incluso chavales acompañados por sus padres. Daba alegría ver a algún que otro niño por allí, al menos no todos se conforman con David Bisbal y compañía.

Un momento curioso llegó cuando el cantante pidió tres voluntarios entre el público. Uno que supiera tocar la batería, otro el bajo, y otro la guitarra. Tras bastante tiempo pidiéndolo, esperando a que llegaran, explicándoles los acordes que tenían que tocar, pasaron los instrumentos a los tres voluntarios. En ese momento empecé a sospechar que aquello estaba preparado, porque los chavales tocaban de p*** madre. Pero puede que no, que realmente todo saliera así. Al final, preguntó al guitarra cómo se llamaba y tras oír la respuesta: "Vicente", todo el público coreó su nombre. Como premio, se llevó la guitarra de regalo. Ah, y el batería cogió carrerilla por la pasarela y saltó sobre el público (a la chica que salió a tocar el bajo apenas la despidieron).

Terminó la primera parte del concierto con el "We are the champions" de Queen, dejando para los bises el reciente éxito "Boulevard of broken dreams". El concierto acabó con una canción del Nimrod (Time of your live)tocada en solitario con la guitarra eléctrica. Y al final, nuevo fuego de artificio y todo el pabellón inundado de confetis.

Sólo hubo dos cosas negativas en la noche: el precio de la cerveza (siete euros y medio el litro, que es menos de un litro), y que tuve que perderme el capítulo de Hospital Central.

2 comentarios:

Carlito Brigante dijo...

Pues el crítico de El Mundo no opina lo mismo. Pone a caldo el concierto. Disparidad de opiniones. El tío le mete un hostiazo que ni pá qué.

Zero Neuronas dijo...

He leído la crítica de El Mundo. Habla del concierto de Barcelona, pero la verdad es que lo que le pasa a ese hombre es que no le gusta Green Day, y punto. Yo también haría una mala crítica de un concierto de Fran Perea, aunque el chaval se saliera. Es lo que tiene la música.