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martes, diciembre 26, 2006

Leer, escribir

En mi época universitaria, durante un par de años asistí al taller de guión de Juan Antonio Porto. Muchos de los que hemos estudiado en la Complutense hemos pasado por ese taller. En él no se aprendía nada. Me explico.

Durante los dos años, yo no oí apenas un par de frases sobre estructura, sobre formato, sobre creación de personajes. Pero tras el primer año, volví a apuntarme al curso siguiente. ¿Por qué? Porque el taller me aportaba algo que no consiguen todos los cursos: ganas, inquietudes. Cada día, cuando salía de oír la charla de Porto (solían ser monólogos desgranando anécdotas de su vida más que otra cosa), sentía grandes deseos de leer los libros sobre los que había hablado, de ver las películas que había citado, de lanzarme de lleno a un cuaderno con lo que fuera,... de escribir (aunque ahora suene prehistórico, yo no tenía ordenador por aquel entonces). El resto, lo de las técnicas, lo podía aprender uno en manuales, en otros cursos, en otras escuelas. Pero creo que a aquella época le debo haber avivado en mí el deseo de seguir aprendiendo siempre.

Este recuerdo acude hoy a mí porque acabo de comprar un libro titulado Escribir. Manual de técnicas narrativas, de Enrique Páez. Es un manual muy básico sobre escritura, pero creo que alguien que escribe nunca debe perder la modestia de saber que puede aprender de cualquier sitio. Y en las primeras páginas me encuentro con este texto que me retrotrae a aquellas ganas con las que salía de las clases de Porto:
Si el escritor no se sumerge, no se cree, no vive la historia que está escribiendo, deja de ser divertido, deja de ser creativo, deja de ser escritor. Puede fingir, muchos lo hacen, pero va a tener que hacerlo muy muy bien para engañar al lector. En todo caso, a sí mismo no se podrá engañar, así que dejará de jugar, dejará de escribir, muy pronto.

Aunque parece que el autor hace referencia al escritor de relatos o de novelas, al escritor que escribe sólo lo que le gusta, y no al guionista, que muchas veces escribe en el programa o serie que puede, es una regla que creo que hay que aplicarse.

Juguemos, disfrutemos, que el espectador (y uno mismo) lo notará.

lunes, agosto 16, 2010

Leer para escribir

Supongo que a la mayoría de las personas a las que nos gusta escribir, nos gusta también leer sobre cómo escribir. A veces, buscando técnicas que nos permitan mejorar nuestro estilo; otras, buscando inspiración o empuje en las experiencias ajenas; puede que también se dé el caso de que busquemos respuestas a problemas concretos que nos surgen en nuestra labor. O simplemente queremos recordar aquello que nunca deberíamos haber olvidado.

En el mercado hay multitud de libros sobre el proceso creativo, técnicas literarias, aprende a escribir un best-seller en dos semanas... Estoy seguro de que de todos ellos se puede sacar algo, incluso del peor (en todo caso, el autor se llevará un diez por ciento de lo invertido).

En la foto he puesto algunos de los que he leído. No hay que desdeñar tener un manual básico como el de SM, porque recordar lo más básico a veces es más necesario de lo que creemos.

También hay libros sobre géneros concretos en la colección de Manuales de escritura de Paidós. Yo he consultado recientemente el que hace referencia al thriller y el que se ocupa de la literatura infantil y juvenil. No hay que tomarse estos manuales al pie de la letra, pero siempre ofrecen puntos de vista interesantes y siempre aprendes algo con ellos.

En la foto también podéis ver La página escrita de Jordi Sierra i Fabra. En él, el autor no nos explica cómo se ha de escribir, sino cómo lo hace él. No se trata de copiar su estilo, pero nunca está de más aprender de alguien tan prolífico.

También aparece en la foto Mientras escribo, un libro de Stephen King del que ya os hablé. Si no estaba de más aprender de Jordi Sierra i Fabra, qué decir de Stephen King. Además, es un libro tremendamente ameno.

Por último, veis la colección de artículos: Zen en el arte de escribir, de Ray Bradbury. Aquí no encontramos un manual, sino puras reflexiones del autor sobre el gusto por escribir, el placer de recordar y el origen de las ideas. Puro gozo.

Esto último es algo en lo que coinciden todos los libros, manuales o no, sobre la escritura. Si quieres escribir, hazlo, insiste, todos los días, varias horas. Si quieres escribir, sobre todo, pon pasión en ello.

martes, octubre 02, 2007

De cero a uno

A principios de agosto os conté que había terminado la versión cero de mi primera novela. Era una versión sin pulir a la que le faltaba aún mucho trabajo. Con el lío de los guiones de Hospital Central más los compromisos veraniegos de quedadas con amigos, terracitas, viajes, entrenamiento para el maratón, etc., etc., la reescritura iba lenta. Hace una semana terminé la primera parte de este proceso, que consistió en leer la novela de una manera rápida añadiendo detalles de contenido que se me habían escapado o que había decidido incorporar más tarde y eliminando otros que ya no tenían sentido. Es lo que yo he llamado una "reescritura de contenido". Ahora llevo unos días con la otra, la reescritura de estilo, la que llevará a tener por fin una "versión uno". Tras años dedicándome a esto del guión, los adjetivos y frases subordinadas me son algo, si no ajeno, distante. Entre otras herramientas, os hablé del libro Escribir: manual de técnicas narrativas de Enrique Páez. Como es un libro que me está resultando bastante útil, os voy a resumir muy brevemente (pero que muy brevemente), lo que me está sirviendo de más ayuda en el apartado de corrección y estilo. Sin embargo, lo mejor es leer todo el libro.

Hay que mantener el mismo tono narrativo en toda la novela, y no dejar que el narrador se contagie del estilo que intentemos poner en los diálogos de los personajes, que deben ser diferentes.

El mejor lenguaje literario es el lenguaje natural y común.

Si no somos unos maestros en el dominio del lenguaje, mejor huir de las frases innecesariamente largas, laberínticas.

En los diálogos, no dejar que el personaje hable durante líneas y líneas sin interrumpirlo, robando así al narrador su función.

En las acotaciones de los diálogos, basta con "dijo", "preguntó" y poco más (curiosamente, este mismo consejo lo da Stephen King).

La continuidad en el relato depende de la anticipación, suspense y sorpresa, en este orden.

Hay que eliminar todos los tópicos y lugares comunes que se nos hayan colado en la primera versión.

A la hora de revisar hay que afilar las tijeras y podar todo aquello que no dice nada.

Debemos perderle el miedo a nuestras propias palabras. Casi siempre hay adjetivos que sobran. La redundancia no añade nada nuevo.

Huyamos de los adverbios terminados en -mente y de los gerundios.

Obviamente, en el libro hay muchísimos más consejos, pero aquí os he dejado los que ahora mismo estoy siguiendo con mayor atención. Supongo que a este paso podré cumplir con mi objetivo de tener un versión entregable para navidades o comienzo del 2008. Ah, y el de la foto de arriba soy yo ahora mismo, con mi pijama escribiendo en casa. Saludos.