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martes, febrero 12, 2013

Fotocopias

Ahora que las fotocopias vuelven a estar de moda por los documentos de Bárcenas, a mí me ha venido a la memoria una anécdota reciente.

Hace un mes más o menos, la novelista Marta Rivera de la Cruz comentaba en su muro de Facebook que había visitado un colegio y firmando ejemplares, y un chaval se le acercó diciéndole que su libro que le había encantado, pero que como no había podido comprarlo, lo había leído en la biblioteca. A mí se me ocurrió comentar que yo había estado también en un colegio firmando ejemplares hace cosa de un año y a mí se me había acercado alguno con fotocopias, lo que me había hecho mucha gracia.

Y la lié parda.

Ella y algunos otros opinaban que hacer fotocopias de un libro es imperdonable, una falta de respeto al autor, un delito... Yo intenté minimizar aquello porque a mí no me parecía para tanto que unos chavales hubieran fotocopiado unas páginas de mi novela, y prefería (y prefiero) que alguien lea mi novela fotocopiada a que no la lea. Marta me dijo que ése es el problema de nuestro país, que los autores no nos respetamos a nosotros mismos. Yo dije que de todas formas lo de la fotocopia se estaba sacando de madre, porque es una cosa del siglo pasado, ¿quién hoy en día hace fotocopias para leer un libro entero?

El caso es que la cosa, como suele ocurrir en Facebook, quedó ahí, oculta por publicaciones posteriores. Pero a mí me quedó en el aire la reflexión, ¿es más importante llegar al lector o vender? Sé que cada uno tiene una opinión diferente al respecto, pero como autor novel que soy, tengo cierta idea de que no voy a poder vivir de las novelas que escriba, por eso mi afán no es tanto ser un best-seller y retirarme de cualquier otra ocupación como que lo que escriba sea leído por el mayor número posible de personas... y que les guste. Ese "mayor número" nunca va a llegar a la cantidad necesaria para hacerme rico, por lo que yo encuentro placer en el hecho de que alguien empiece a leer mi novela y la acabe porque le gusta. Si la ha leído porque la ha sacado de una biblioteca o porque la ha fotocopiado, me da igual.

Lo mismo me ocurre con otro tipo de textos. Tengo desarrollado un curso sobre literatura juvenil. Mi primera idea fue enviarlo a editoriales y enfrentarme a la larga lista de rechazos y no respuestas. Y todo para que al final el libro costara como mucho quince euros con lo que me llevaría un euro y medio por ejemplar. ¿Merece la pena? Al final me dije, mira, si a alguien le interesa el tema, por qué no dárselo gratis. Así que lo estoy publicando poco a poco en el blog de Apitiké con licencia Creative Commons. Quien lo quiera usar sin ánimo de lucro, lo tiene a su entera disposición. Y a quien le guste y quiera contratarme para un curso sobre el tema, también lo tiene, porque lo importante de esto no es la teoría, sino la práctica, la corrección de ejercicios y la resolución de dudas.

En fin, que creo que las cosas están cambiando y hoy en día, en un mundo en que todo está al alcance de todos, el dinero no se saca de poseer el conocimiento de manera exclusiva, sino en ofrecerlo y obtener algo a cambio. ¿Cómo? Eso está por ver.