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domingo, julio 11, 2010

Dos formas de escribir (y séptima entrega de La Tapia)

Cuando escribí la novela El caso del hada falsamente ahogada, lo planifiqué todo muy bien, como se supone que se debe hacer. Comencé por saber el principio, el final y un par de puntos intermedios. Después me dediqué a crear los personajes principales. Con ellos creados, me hice una sinopsis de dos o tres páginas con la historia que más o menos quería contar. Después dividí la historia en sus puntos más importantes, introduje puntos de giro y momentos en que debía desvelar cierta información.

A partir de ahí, me hice una escaleta, como si fuera a escribir un guión en lugar de una novela. Y solamente después, con todo ese trabajo hecho, empecé a escribir. Durante el proceso de escritura, algunos puntos de la escaleta ya no me valían, otros tenía que ampliarlos, me tuve que desviar en algún momento, e incluso crear algún personaje con el que no contaba. Pero tenía un fuerte armazón al que agarrarme.

Ésa es una forma de escribir.

No mucho después escribí un relato largo que es el primer cuento de los que podéis encontrar en Maratón: la vida en cuarenta y dos kilómetros (y pico). Ahí la técnica fue la inversa. Sabía que quería escribir sobre lo que siente y piensa un corredor de maratón, pero nada más. Empecé por el pricipio y fue la propia historia la que me fue llevando. A veces yo mismo me sorprendía con lo que los personajes hacían, en serio.

Esta última técnica puede estar bien para un relato, pero no parece la más adecuada para una novela. Sin embargo, hace poco una idea sobre otra novela me rondaba por la cabeza. Cuando aún no la tenía muy madurada, conocí la existencia de megustaescribir.com y decidí casi en un arrebato que iba a publicar ahí la novela escribiendo una entrega cada semana, y que los lectores me ayudarían a encontrar el camino a seguir. Se llamaría La Tapia.

En esas estamos. Lo bueno de esta iniciativa, creo, es que puede aportar frescura. El peligro es llegar a un punto sin retorno, a un cruce en el camino en el que no sepamos por dónde tirar. Pero merece la pena. A mí la experiencia, de momento, me está gustando.

Todo este rollo viene a que la semana pasada prometí una entrega titulada "El regalo", pero como esta novela se hace poco a poco, otra titulada "Marcelo" se ha colado.

Podéis leerla, ya lo sabéis, pulsando AQUÍ.