
El flamenco me sigue gustando. No soy un entendido y me pierdo en distinguir los palos más jondos, pero la piel se me sigue poniendo de gallina. Digo esto porque el sábado pasado fui a ver el concierto de Diego el Cigala y Tomatito para Los Veranos de la Villa, cerquita de mi casa, en el escenario Puerta del Ángel. Y casi al principio, el Cigala cantó aquel taranto de "Maldito sean los dineros que ganamos en la mina, yo gastármelos prefiero aunque viva en la ruina, por si de pronto me muero".
Pues bien, en el verano del año 90 me fui a buscarme un poco la vida a Londres, a trabajar un par de mesesitos y aprender algo del idioma. Fue una experiencia enriquecedora pero un poco dura. Cuando llegaba a la minúscula habitación del hotel al caer la noche, me duchaba en la ducha común y me metía en la cama con mis auriculares. Ese taranto cantado por Camarón, no sé por qué, era uno de los temas que más me gustaba escuchar. Así que cuando el concierto del otro día casi empezó con él, fue como un golpe en la cabeza que me hizo viajar instantáneamente hasta aquellos lejanos días.
Ya me habían ganado para el resto del espectáculo.
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