"A mí no me gusta que me digan 'no puede ir usted a tanta velocidad', 'no puede comer hamburguesas de tanto' o 'se le prohíbe fumar porros'; déjeme que decida por mí, que en eso consiste la libertad. ¿Quién te ha dicho que quiero que conduzcas por mí? Los cubatas que me tomo, déjeme que los tome tranquilamente; no pongo en riesgo a nadie".
Vamos a suponer que esta frase la hubiera dicho un joven de veinte años junto a su coche tuneado en un polígono de las afueras de una ciudad dormitorio de cualquier gran ciudad. Las mentes biempensantes menearían sus cabezas de un lado a otro al oírlo y lanzarían comentarios como "esta juventud no tiene remedio", "a éstos hay que meterlos en vereda", "estos mocosos confunden libertad con libertinaje",... o cualquier cosa por el estilo.
Sin embargo, si cambiamos las palabras "fumar porros" por "beber vino", o "cubatas" por "copas de vino", son palabras de nuestro melenudo expresidente del gobierno, José María Aznar. No me extraña que las asociaciones de víctimas de accidentes y casi todo el mundo haya criticado estas declaraciones casi unánimemente. Bueno, menos Rajoy, que debe estar hasta los mismísimos de su amado mentor.
Si no fuera porque el hombre que ha dicho esas estupideces estuvo de presidente durante tanto tiempo, la cosa hasta tendría gracia.
(Ah, y la foto es sólo para añadir un poquito de alegría).
Como he dicho hoy mismo, tenía que ver el pequeño documental en el que el guionista de Dos en la carretera, Frederic Raphael contaba cosas. Y la verdad es que en sólo veinticuatro minutos ha dicho algunas bastantes curiosas.
Me quedo con una comparación. Frederic Raphael dice que una película no es como una novela, sino como un cuento. No hay tiempo para profundizar demasiado en los personajes, por eso hay que dar datos que lleguen al espectador de manera rápida, poner símbolos que se puedan usar para evitar largas explicaciones. Pone el ejemplo de cómo Mark, el protagonista masculino de la película, es un despistado que olvida siempre dónde ha puesto su pasaporte. Durante toda la película se utiliza ese recurso varias veces, él, el hombre, buscando desesperadamente el pasaporte, y ella, su mujer, que lo deja desesperarse durante un rato para sacarlo con tranquilidad de algún sitio. Con este gesto, el guionista quería dar a entender que por mucho que cambiaran las circunstancias, por mucho que el personaje evolucionara, en el fondo seguía siendo el mismo: un tipo despistado, necesitado. Y por otro lado, que en esta relación (como en la mayoría, afirma) el hombre es el niño que nunca termina de crecer y la mujer es la que tiene que poner el toque sensato.
Además, habla de su sistema de trabajo. Para construir el guión, escribió cada historia por separado (los protagonistas son los mismos, pero cada historia es una parte de un viaje en una época de su vida). Después dividió cada una en elementos y escribió los elementos en fichas diferentes. Finalmente, ordenó estas fichas según le parecía que combinaban mejor y agrupó todas las fichas en un taco, como si fuera una baraja de cartas. Su manera de escribir consistía en ir sacando una a una cada ficha e ir escribiendo la secuencia que correspondía. Vamos, lo que se dice una escaleta.
Por otro lado, escuchando los comentarios a la película de Stanley Donen, también hay un dato curioso sobre la relación entre guión y producción. El guionista no había ido al rodaje (suele ser lo normal), y Stanley Donen no conseguía encontrar un barco para rodar una escena del guión. Al parecer, todos estaban ya alquilados. Nada, que no había manera. Desesperado, Stanley Donen telefoneó a Raphael y le comentó: "No hay manera de encontrar un barco, no sé qué vamos a hacer". Raphael dudó y acabó preguntando "¿Qué barco?", a lo que Donen le replicó: "Si en el guión pones barco, tiene que salir un barco".
Ayer fue una tarde perfecta de lluvia para verla, y ahí lo hice. ¿Qué decir? Que sigue siendo una delicia. Me encanta la manera que está construida, con ese juego temporal en la que viajamos de una época a otra de la vida de la pareja casi sin que nos demos cuenta, en la que vamos conociéndola poco a poco y poco a poco nos identificamos con los dos personajes. No hay buenos y malos, sino un matrimonio que lo pasa bien y lo pasa mal, como tantos.
Es uno de esos casos en que todo se acopla perfectamente: luz, color, vestuario, música, interpretación, guión, incluso a veces uno llega a percibir el olor del verano.
En la edición especial hay un pequeño documental en la que el guionista cuenta cosas. Todavía no lo he visto, pero cuando lo haga, espero comentar algo aquí, así que por ahora... eso es todo, amigos.
Quedarse el puente de Mayo en Madrid tiene cosas buenas, cosas malas y cosas que no se sabe muy bien si son buenas o malas. Entre estas últimas está una visita a la FNAC. Con la idea de que no te has gastado un pastón en gasolina, hotel, restaurantes, entradas a sitios turísticos, etc, te decides por darte un capricho. Eso hice yo ayer.
Salí de la tienda con sobrepeso. No os aburriré con la lista de la compra, sólo diré que en ella estaba The French Connection, película muy importante en la historia del cine y que recordaba haber disfrutado hace bastantes años.
Lo curioso de esta película es que para disfrutarla completamente hay que verla teniendo en cuenta sus circunstancias. Tengo un amigo que suele repetir la frase "ha envejecido muy mal" cuando revisa algunos títulos clásicos. Creo que esta frase se podría aplicar a The French Connection.
Sin embargo, si uno no se deja influir por los títulos posteriores y tiene en cuenta que la película es de 1971, la cosa cobra otro sentido.
El mérito de la película es estar basada en hechos reales, haber rodado las secuencias sin utilizar decorados, en escenarios naturales (la mayoría de las veces los mismos en los que sucedió la historia de verdad) y con técnicas de documental. Hoy hemos visto millones de veces esos movimientos de cámara en hombro, ese grano en el celuloide, esa crudeza en la acción, pero en aquellos años tuvo que ser algo impactante de verdad.
Y después está la famosa persecución, en la que un coche intenta llegar antes que el metro a la próxima parada. Hoy también hemos visto persecuciones mucho más espectaculares, pero con más de treinta y cinco años a sus espaldas, la de The French Connection sigue teniendo su punto.
En fin, que teniendo en cuenta estas cosillas y dejándose llevar, se pasa un rato estupendo. Ah, y después empecé a verla de nuevo con los comentarios del director. Me resultó curioso el motivo de por qué eligió a Fernando Rey para el papel del villano. Al parecer, William Friedkin pidió al productor que contrataran al actor ése que salía en las películas de Buñuel. "¿Fernando Rey?", le preguntarón. Él dijo que sí e iniciaron las pesquisas. Estaba libre y dispuesto a hacerla. Lo contrataron.
Pero cuando Friedkin lo vio, dijo: "Éste no es el tipo que yo quería, yo quería al otro". Se refería a Francisco Rabal. Él quería a un malo rudo, mal encarado, de modales bruscos. Pero Paco Rabal ni estaba libre, ni tenía ni idea de inglés, así que se quedaron con Fernando Rey. Con este actor, hubo que cambiar el perfil del malo y hacerlo sofisticado, elegante... el propio Friedkin afirma que cree que la película salió ganando con el cambio, porque así contrataba con la actitud de Popeye, su antagonista. Curioso como un error puede dar lugar a un acierto de casting.
Por cierto, y no me extiendo mucho más que esto me está quedando muy largo (pero bueno, hacía tiempo que no escribía). En su libro Moteros tranquilos, toros salvajes, Peter Biskind cuenta que cuando Coppola salió de ver esta película dijo: "Bueno, creo que he fracasado. Cogí una novela popular, jugosa y obscena y la he convertido en un puñado de tíos que se pasan horas hablando en la oscuridad".
Se refería a una película suya que estaba a punto de estrenarse: El Padrino.
Creo que con eso se podría resumir el concierto de ayer de Scissor Sisters. El cantante - front man era pura pluma en movimiento, puro nervio, puro petardeo. Pero, a pesar del sonido, transmitían mucho. Se veía que ellos se lo pasan bien encima del escenario, y eso se contagia. Él, un tirillas histriónico, se movía mucho, y ella, una rolliza y guapa sajona, bailaba al estilo Kraftwerk y hacía comentarios obscenos.
Como ya he dicho otras veces, yo no hago crítica musical, porque de eso no entiendo (perdón por el chiste malo), pero sólo diré que me divertí mucho y que sudé de lo lindo. Os pongo aquí el comienzo del concierto:
Al final, como parece que es habitual en este grupo, el cantante se despelotó casi del todo. Con lo que salta y suda durante las actuaciones, no me extraña que esté así de delgado.
Ayer los de Canal + pasaron por la productora para realizar parte de un programa que están haciendo sobre las series españolas. Entre otras cosas, nos entrevistaron a los guionistas. Una de las preguntas iba sobre si trabajábamos sólo las horas pertinentes o uno sigue siendo guionista las veinticuatro horas del día. La respuesta fue unánime: no puedes dejar de ser guionista ni cuando duermes (pequeñas soluciones a grandes problemas vienen a veces de un sueño). Para ilustrar esto, quiero contar algo.
Hace tiempo conté que me habían sacado la muela del juicio. Y en los comentarios a aquella entrada escribí: "Por cierto, no cuento lo que me ha pasado esta mañana en el hospital porque voy a intentar colarlo en algún capítulo de HC. Si es que uno no deja de trabajar ni cuando tiene delante a una persona que se afana en rajarte la boca por dentro".
Pues lo colé, y salió en el capítulo de ayer. El caso real es el siguiente: la muela me la sacaron en la seguridad social. Allí estaba yo, en el hospital, con mi boca abierta. La doctora empezó a rajar la encía por encima de la muela oculta, pero cuando la carne ya estaba abierta y llegó a la zona dura, el taladro se paró. No tenía fuerza suficiente para seguir. Hizo varios intentos, pero nada, aquel taladro no iba. Mi encía estaba abierta y sangrando. No podían esperar mucho. La doctora empezó a quejarse del material e hizo llamar urgentemente a los de mantenimiento. Me hicieron morder un algodón para cortar la hemorragia y me tranquilizaron diciéndome que la anestesia duraba una hora, que me operarían antes de que pasara el efecto.
Si alguien vio el capítulo de ayer de Hospital Central, eso mismo está reflejado, incluso con algún diálogo idéntico, en la operación de Vilches y Javier al policía de la fractura en la pierna.
Ya puestos, cuento otra cosa de mi vida metida en el capítulo de ayer. Cuando la madre del niño de la alcantarilla cuenta que cada vez que lo acompaña al colegio, su hijo le pide que se quede en la esquina porque se avergüenza de ella y no quiere que sus amigos la vean, eso está inspirado libremente en algo que le pasaba a mi hermano pequeño.
Los amigos de mi hermano serían en su mayoría primeros o segundos hijos, él era el menor de cuatro. Mi madre cuenta que cuando ella lo acompañaba al colegio, él, efectivamente, no quería que sus amigos la vieran, porque le decían que tenía una madre muy vieja. Al escribir este capítulo, me acordé de esta anécdota y me pareció oportuna usarla cambiando la edad por la extracción social o el trabajo.
Yo tengo una idea sobre los títulos que no suele encontrar demasiado apoyo en mi entorno. Siempre he creído que es la obra la que da legitimidad al título y no a la inversa. Me explico.
Un título, cualquiera, puede sonar bien o mal la primera vez que lo oyes, pero si la obra a la que da nombre alcanza éxito, o al menos popularidad, ese título queda totalmente vacío de significado en sí mismo y pasa a ser simplemente la palabra o palabras que designan a la obra. Lo mismo ocurre con los grupos de música. Ya nadie se para a imaginar una oreja cortada cuando se nombra "La oreja de Van Gogh", o se pregunta cómo coño se traduce eso al oír "Eyes wide shut". La obra ha devorado el significante.
No digo yo que el capítulo de mañana vaya a tener éxito ni popularidad, pero al poner el título, Adela y yo pensamos en algo que nos gustara, que nos pareciera llamativo, conscientes de que el título de un capítulo de Hospital Central es algo muy pasajero, ya que la gente después lo conocerá simplemente como "el tercero de la decimotercera temporada".
Aclarado esto, no voy a explicar hoy por qué el episodio de mañana se titula Dudas, decisiones... y pescado fresco. Si acaso, hablamos de eso el jueves.
De todas formas, en el resumen se da mucha información sobre el argumento, demasiada.
Hoy, día del libro, quiero hablar de esa mágica sensación que es verse atrapado por las páginas de un libro, no querer dejar de leer, sentir que las palabras te llaman cuando no tienes el libro en tus manos...
Ya os dije que empecé a leer Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. Pues bien, a escasas setenta páginas de llegar al final, puedo afirmar que esta novela es uno de esos libros. Me ha fascinado, me ha sumergido en un mundo ajeno y cercano al mismo tiempo, me ha inquietado y divertido a la vez. Digo mal, me está fascinando, sumergiendo, inquietando y diviertiendo.
Por desgracia, uno no suele acoger ahora nada con la misma pasión con la que lo hacía a los trece o catorce años. Lo digo, porque la lectura de Crónica del pájaro... me ha desperdado sensaciones que me han recordado la primera vez que leí La historia interminable de Michael Ende. Creo que nunca un libro ha vuelto a fascinarme de aquella manera tan exagerada. Tanto mi hermano mayor como yo lo leímos de un tirón, pasando la noche en vela, viajando del mundo real (pero imaginado) al mundo fantástico sin querer dormir hasta no saber qué les ocurría a Bastián y a Atreyu.
Cuando un libro te atrapa así, estás de enhorabuena. Pocos placeres se le pueden igualar.
Lo que sucede es que hay personas que no muestran el menor interés por el idioma. Creen que la lengua es una institución externa, que los gramáticos imponen sus reglas a los hablantes como si fueran legisladores o como si los principios de la gramática fueran normas de tráfico o de derecho mercantil. Es una opinión extendidísima. Es una pena que sean tan pocos, proporcionalmente, los que comprenden que las palabras no son el envoltorio de las ideas, sino el material del que están hechas.
Sabias palabras de Ignacio Bosque que aparecen en El País de hoy. A quien le interese mínimamente el tema del lenguaje, le recomiendo leer la entrevista completa.
Hoy no he hecho los deberes. Como se me hace tarde y el cansancio atenaza mis párpados, os dejo con un vídeo musical de un grupo al que iré a ver (D.M.) la semana que viene.
Trasteando por ahí, y casi de casualidad me he encontrado en ese nuevo Youtube que es Dalealplay, un vídeo realizado para la presentación de la 13ª Temporada de Hospital Central por Laguiatv.com.
En él hablan Vilches, Claudia y Román sobre lo que les va a pasar esta temporada. Y Roberto Álvarez amenaza con contarlo todo en cuanto lo sepa. Me da a mí que vamos a tener que darle guiones falsos para que no se vaya de la lengua :-)
Si tener armas es cuestión de pura libertad, ¿por qué Estados Unidos se empeña en que Irán no las tenga? ¿No quieren que los iranís sean libres? ¿Por qué aquellas "armas de destrucción masiva" que nunca aparecieron en Iraq les interesaban tanto?
Y lo triste es que ese país (que tiene otras cosas maravillosas) es el espejo en que todos nos miramos ahora y al que nuestra sociedad tiende a copiar.
Como no voy a aportar nada nuevo a lo allí escrito, os invito a que os paséis a leer el post y después volváis a esta humilde morada a que me respondáis a una pregunta: ¿qué ejemplos de tiburones saltarines y demás habéis visto en Hospital Central? Seguro que más de uno.
En uno de mis paseos por la FNAC, me detuve a leer una pizarra en la que anuncian los próximos estrenos en DVD. Entre ellos, una línea rezaba: "Los Soprano. Sexta Temporada. 10 Abril". Cuando lo vi, quedaba una semana para esa fecha, y mi vida cobró un nuevo aliciente.
El viernes pasado fui de nuevo a la tienda. Busqué en estrenos, en series TV, en cofres, en las columnas... nada. Como no encontraba el pack, me fui hasta la amable señorita que se situaba bajo la pizarra y le pregunté. Sin inmutarse, sin que le temblara un solo pelo, me dijo: "Lo han retrasado hasta junio".
¡¡¡Hasta Junio!!! ¿Y me lo dice así, con esa tranquilidad? He resistido mucho tiempo sin recurrir al bendito e-mule, esperando el lanzamiento como el niño que espera la llegada de los Reyes Magos, pero tal vez sea el momento de descubrir que los Reyes son los padres. O no.
Hoy he conocido una buena noticia. No, no me refiero a esos más de cuatro millones setescientos mil espectadores que ayer vieron el primer capítulo de la temporada de Hospital Central. Ésa también es muy buena noticia, pero es que hoy he escuchado en la radio que tomar dos cucharadas de cacao en un vaso de leche para desayunar previene el envejecimiento celular. ¡¡Bien!! Ahora entiendo por qué me siento tan joven. Yo soy de los de Cola-cao. Todos los días cae mi vasito de leche con sus dos cucharadas colmadas.
¿Cómo lo contaría yo? Bueno, ya sabéis que opino que lo mejor es verlo, así que sólo adelantaré que nosotros estamos muy contentos con los guiones que hemos escrito. Más, no podemos hacer.
Hoy he puesto un nuevo símbolo, bandera, enlace o como quiera llamarse, en el lado izquierdo de esta página. Es un círculo rojo con el eslógan: "Eres lo que escríbes. Eres como escribes".
Se trata de una campaña a favor de la corrección ortográfica en los blogs. Yo creo que aunque estas bitácoras personales sean eso, personales, no tenemos que descuidar algo tan fundamental. Así que la veda queda abierta, en cuanto se me escape una falta de ortografía, aceptaré vuestros insultos con vergüenza y resignación.
Gracias a un compañero, sabía de la existencia de la serie británica Extras, una comedia de capítulos de media hora que retrata de una forma peculiar la vida de un extra de cine que pone todo su empeño en conseguir una línea de diálogo en alguna de las películas en la que participa.
Aprovechando que estaba en Londres, me compré las dos temporadas de esta serie y ya me he visto los dos primeros capítulos. Lo más original es que cada capítulo cuenta con la participación de un famoso que hace de sí mismo, pero hay algo que sería impensable en España. Los famosos se ríen de sí mismos y no dudan en aparecer como un tipo desgraciado al que todos ningunean, o como un ególatra antipático (y bastante patético) que se cree en la cúspide de la fama, por ejemplo. Ése es el rol que desempeña Ben Stiller en el segundo episodio, en el que el actor dirige un drama basado en hechos reales sobre las experiencias de un niño de la guerra e intenta mantener un aparente buen rollismo hasta que se descubre su verdadera personalidad. ¿Os imagináis a cualquiera de nuestros actores haciendo algo así? Yo no.
Pongo aquí el final del episodio. No importa verlo porque no es una serie de giros en las tramas, sino de desarrollo de situaciones.
Así de agustito estaba yo el viernes pasado en pleno Covent Garden disfrutando de una cerveza y tomando el sol, sí, sí, no estoy loco, tomando el sol. Mientras en Madrid llovía a mares, yo disfrutaba de un tiempo casi veraniego en Londres. El mundo al revés.
Pero bueno, eso se acabó y volvemos a la faena. Hoy es un día de volver a poner las pilas en su sitio y reiniciar, el trabajo no aguarda. Porque, aunque no lo creáis, aunque la decimotercera temporada de Hospital Central comience a emitirse este jueves, nosotros estamos ya preparando la pizarra de la decimocuarta temporada.
Ando un poco escaso de tiempo, pero como está feo eso de irse unos días sin despedirse, pues sólo os quiero desear que paséis unos buenos días de fiesta. Yo me voy al lugar de la fotografía, no sé si valdrá para tachar el cuarto propósito de año nuevo.
En mi pueblo, Lora del Río, el PSOE gobierna en el ayuntamiento. Hoy, leo en una página de información local, que el PP de allí informa que desde el día 2 de Abril quedan prohibidos los actos de inauguración, por considerarse que estamos ya en periodo electoral. (Por cierto, una nota al margen por si me lee algún responsable de loradelrio.tk: no se pueden enlazar noticias independientemente ni van fechadas, y no se puede hacer comentarios sobre ellas, creo que eso mejoraría mucho la página).
Yo, como vivo en Madrid, traslado la noticia aquí. ¿También estará prohibido? Parece que la norma viene de la Junta Electoral Central, con lo que supongo que sí. ¿Qué va a hacer el faraón Gallardón? Hoy mismo se abre un nuevo túnel. ¿Irá a inaugurarlo? ¿Resistirá sin inaugurar todo lo que le queda hasta el día 27? ¿Tendrán que encerrar a Gallardón en la cárcel por inclumplir la ley? Como diría alguien: "Veremos".
En pleno año 2007, hay que ver las vueltas que se le siguen dando a un simple desnudo, el miedo que le seguimos teniendo al cuerpo sin ropa... La polémica de la semana viene de Melegís, un pueblo en el que las mujeres han roto los carteles que anuncian la Feria del Cítrico. ¿Por qué, pues porque en ese cartel aparece la imagen de un desnudo. ¡Qué mal gusto! Puede pensar alguien. Pues bien, voy a poner aquí una imagen del cartel que he sacado del Ideal de Granada. A mí, la verdad, el cartel me parece hasta bonito. No se trata de una foto de una vecina desnuda, sino de una pintura (obra de un catedrático de Bellas Artes) en la que se ve medio cuerpo de mujer con una naranja en una mano y un bebé en la otra. De vivir en el pasado, las mujeres de ese pueblo tal vez hubieran quemado esta pintura: Se trata de Las Tres Gracias de Rafael. Y si nos ponemos a fijarnos, tiene cierto parecido con el cartel en cuestión, ¿no?
Pero para terminar, y ya que hablamos de cítricos y desnudos, no podemos dejar de citar la obra emblemática de este "género", un retrato que las mujeres de Melegís habrían apedreado, rajado y triturado. ¿Quién no ha visto en algún calendario el cuadro Naranjas y limones de Julio Romero de Torres? Yo las naranjas las veo, pero ¿y los limones?
En Abcguionistas aparecen unas declaraciones de Viggo Mortensen, en las que el actor dice que hay escasez de buenos guiones en el cine actual y que le envían muchos guiones malos.
Menos mal que comenta: "Yo puedo leer un guión y encontrarlo bueno, pero vos lo leés y no te gusta nada, es una cosa bastante subjetiva". Y digo que menos mal, porque acto seguido elogia el guión de Alatriste, y si algo me parece fallido en esa colección de estampitas es su deslavazado guión.
A veces un pensamiento se vuelve contra ti. Cuando veía anunciar por la tele la cosa esa de Night of the proms, yo me preguntaba "¿quién coño irá a ver esa horterada?". Pues, ¿sabéis quién estaba entre el público asistente?. Sí, un seguro servidor.
El caso es que tras volver de comer por ahí y de una visita compulsiva a la FNAC, estaba dispuesto a pasar la noche del sábado tranquilamente en casita, cuando recibí la llamada de un amigo. "Me han regalado entradas para Night of the proms, ¿te vienes?". Mi primera reacción fue un NO con unas mayúsculas enormes, pero me lo pensé y me dije: "gratis... bueno, total, será mejor que quedarse en casa".
Y lo fue, pero porque me di cuenta de la enorme influencia que tiene la tele en la cultura. El espectáculo está pensado como si fuera una gala para televisión, con su presentador que intenta ser simpático y didáctico a la vez, con su simplificación de todo, con su pausa que casi sonó a intermedio para publicidad, con sus luces en el escenario al estilo José Luis Moreno...
El espectáculo mezcla pasajes de música clásica con música pop (por si alguien no lo sabía). Y... bueno, lo mismo que en el concierto de Kiko Veneno me lo pasé en grande, en éste solté bastantes bostezos.
Sólo en un programa de televisión se pueden meter en el mismo saco Stravinski, los Gypsy Kings, ahora llamados Chico & The Gypsies, un vals (pidiendo al público que lo bailaran y el público ¡¡¡lo bailaba!!!), Mecano, El Barbero de Sevilla, Tears for Fears, Bizet, Mike Oldfield...
Pero bueno, parecía que por lo menos el público que estaba abajo se lo pasaba bien.
Y una última cosa que no tiene nada que ver con la música. Durante todo el rato tenía la sensación de que iba a aparecer Rajoy para poner el broche de oro a la gala. Cosas mías.
Hace tiempo, hablé aquí de Silvio Fernández Melgarejo. Lo ilustré subiendo una entrevista que le había hecho Jesús Quintero.
Hoy, trasteando por ahí, me he encontrado con otra entrevista. En ésta incluso podemos escuchar a la vez que él su versión del "Rezaré". Silvio se merece que la comparta con todos. Aquí la dejo.
El martes no quise hablar sobre el TP de Oro a Hospital Central, por un lado porque andaba pillado de tiempo, y por otro porque tampoco sabía muy bien qué decir, ni quería darle demasiada importancia. Pero hoy ha aparecido la productora ejecutiva por aquí con la gran cabeza y no he podido resistirme. Así que con la excusa de echarme una fotito con el premio, le he pedido a Cristina que pose a mi lado, para presumir de que me rodeo de mujeres guapas (je, je).
En fin, además de ella, aquí estoy yo sin antifaz y el galardón que la propia Cristina salió a recoger el lunes. Que no todos los días se reciben premios (y ya lo sabéis, para ver la foto más grande, pinchad sobre ella).
Así, con esta introducción instrumental al Lobo López, empezó Kiko Veneno su concierto de ayer en el Moby Dick. Y sólo puedo decir una cosa, a partir de ahí fueron dos horas absolutamente inolvidables. Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien en un concierto. Kiko se fue creciendo poco a poco, contagiándose de la entrega del público, entregándose a su vez, y soltando una serie de pequeños discursos antes de cada canción que convirtieron aquello en un espectáculo más que en un concierto.
Tocó casi todos los temas de su disco más famoso, Está muy bien eso del cariño, y llegó un momento en que incluso aceptó alguna petición del público. Fueron dos horas de pura magia, de música y diversión, de entrega total por ambas partes. A mí se me erizaron los vellos varias veces, y eso bien vale la entrada.
Y tras dos horas, se marcó un bis con el Volando voy al más puro estilo Bobby McFerrin, a capella, haciendo soniditos y golpeándose el pecho para que retumbara la voz en algunos momentos. Una canción que todos coreamos con ganas y que nos dejó con ganas de más. Tanto, que la gente seguía pidiendo "otra, otra" bastantes minutos después de que la música de la sala ya sonara. Yo pensé que no iba a volver a salir y me fui tras un buen rato de espera, pero quién sabe, a lo mejor me perdí algo...
Y para acabar esto, un poquito del estribillo del Memphis Blues (con el típico retraso entre imagen y sonido de los vídeos que subo al Youtube).
Pero ando un pelín ocupado y voy a volver a recomendar unas risas. Por consejo de Gonzalogonzalín, he llegado al blog de Escrito por y a este pequeño vídeo de Eddie Murphy. Aparte de parodias, me gusta porque me ha recordado cuando yo salía de las películas de Bruce Lee y me creía capaz de derrumbar a cualquiera con una llave.
En este patio de colegios en que se ha convertido la política en nuestro país, los de PP ahora se enfrentan a una labor muy exhaustiva de vigilancia de micrófonos, bolígrafos y alcachofas. Que Rajoy va a ver, pongamos por ejemplo, un partido del Real Madrid y algún periodista deportivo se le acerca a preguntarle cómo ha visto a Guti (por seguir con el ejemplo). Pues el señor Rajoy tiene que mirar con detenimiento la grabadora del periodista en cuestión, porque como ponga "As" en un lateral, estará rompiendo el boicot.
Y a la salida de un evento político, si Acebes es rodeado por varios periodistas radiofónicos que quieren recoger sus declaraciones, se tiene que dar mucha maña en dirigir sus palabras hacia los micrófonos de la COPE, pero que no llegue ni medio decibelio a los de la SER.
Pero yo los entiendo perfectamente. Cuando yo tenia siete u ocho años el padre de un amigo mío dijo que el coche de mi padre era una tartana, que no valía para nada. Yo me enfadé mucho con mi amigo y le retiré la palabra. Le dije que hasta que su padre no retirara lo que había dicho, no le volvería a hablar. Y así estuve por lo menos una semana. Pero entonces mi amigo me pilló por banda y me soltó que si quería estar enfadado con su padre, allá yo, pero que él se acababa de comprar un Supermortadelo. Al momento le quité importancia al coche de mi padre y me puse a leer con él los avatares causados por un nuevo invento del profesor Bacterio.
A lo mejor Polanco tiene que comprarse un Supermortadelo.
Seguimos con las risas. El sábado pasado, La 2 puso esa gran película de Sidney Pollack, Tootsie. Si hablamos de una comedia bien escrita, dirigida e interpretada, sin duda hay que hablar de ella.
Una de las secuencias más hilarantes tiene lugar cuando Michael (Dustin Hoffman) descubre que su representante (el propio Sidney Pollack) le ha dado a otro el papel del Hombre de Hielo, un papel que le había prometido para él. Muy enfadado, acude a su despacho para cantarle las cuarenta, hablarle de la obra que quiere producir y pedirle trabajo en cualquier papel, televisión, un anuncio, lo que sea. Su representante se enfrenta a la tarea de hacerle ver que nadie quiere contratarlo debido a su excesivo perfeccionismo. No he encontrado la sencuencia en español, pero aquí la tenéis en inglés, una secuencia perfecta.
POST SCRIPTUM: Buscando un poco, he encontrado en una página de subtítulos, una transcripción de la traducción de la secuencia. Es larga, pero la planto aquí para quien le interese:
REPRESENTANTE: (Al teléfono) Disculpe. (A Michael) Espera afuera. Hablo con la costa.
MICHAEL: Nueva York también es una costa.
R: Cielos. (Al teléfono) Sy, ¿estás ahí?
No hay respuesta.
R: Mira lo que has hecho... ¿Margaret? Póngame de nuevo. Se cortó. (A Michael) ¿Qué te pasa, Michael?
M: Terry Bishop hace El Hombre de Hielo. Me prometiste el papel. ¿No dijiste que me llamarían para el papel? No eres mi agente?
R: Pressman quiere una figura.
M: ¿Bishop lo es?
R: Empleas a Michael Dorsey si quieres devolver un solomillo.
Michael, ofendido, va a salir por la puerta.
R: Espera! Me haces decir cosas desagradables. Me he pasado. Empecemos desde un principio. Bishop actúa en TV. Millones de personas le ven cada día.
M: Y puede destrozar El Hombre de Hielo? Yo le doy mil vueltas. He interpretado ese papel. Si quiere una figura es asunto suyo.
R: Mucha gente en esta profesión quiere hacer dinero.
M: Yo también quiero ganar dinero.
R: ¿De veras? ¿Teatro para Ciegos? ¿Taller del Pueblo en Syracuse?
M: Un momento. Interpreté 9 obras en Syracuse. Los críticos las elogiaron. Aunque no lo hice sólo por eso.
R: Claro que no. Perderías tu condición de actor maldito.
M: ¿Crees que soy un fracasado?
R: No quiero continuar esta conversación. No me apetece.
M: Te mandé la obra de un amigo, donde tengo un papel. ¿La leíste?
R: ¿Cómo se te ocurre enviarme algo escrito por un principiante? Soy tu agente, no tu madre. Mi labor no es encontrarte obras, sino proponerte contratos.
M: ¿Contratos? ¿Desde cuándo? Esa obra podría ser un gran éxito.
R: Nadie la va a representar.
M. ¿Por qué?
R: ¿Una historia sobre una pareja en el Canal del Amor?
M: Pero ocurrió así.
R: ¿Una pareja viviendo junto a un basurero químico? Eso es Nueva Jersey.
M: No discutiré más. Yo reuniré los 8.000 para producir la obra. Pero me conseguirás trabajo como sea. Haré de todo. Anuncios, imitaré voces en la radio...
R: No puedo ofrecerte nada.
M: ¿Por qué no?
R: Porque nadie quiere contratarte.
M: Mentira. ¡Pierdo el culo por un papel!
R: ¡Y también haces perder la paciencia! Con 4 semanas para montar una obra, ¿desean discutir si Tolstoy puede o no caminar moribundo?
M: ¡Eso fue hace 2 años! Y ese tipo es un idiota.
R: No todos lo son. Discutes con todo el mundo. Tienes una de las peores reputaciones en esta ciudad. Nadie quiere contratarte.
M: ¿Nadie en Nueva York quiere trabajar conmigo?
R: Eso sería limitado. Tampoco en Hollywood quieren trabajar contigo. Haces de tomate y les rompes los planes porque no quieres sentarte.
M: Claro, no era lógico.
R: Eras un tomate. ¡¡Los tomates no tienen lógica!! ¡No se mueven!
M: Claro. Si no podía moverme, ¿cómo iba a sentarme? Yo era un tomate en pie. Jugoso, sexy, insinuante. He representado verduras en Broadway! El mejor tomate, el mejor pepino. Hice una ensalada que tumbó a todos los críticos del país.
R: No perderé la serenidad. Tú eres un actor maravilloso.
M: Gracias.
R: Pero causas demasiados problemas. Consulta a un psiquiatra.
M: Gracias por el consejo. Reuniré el dinero para la obra.
R: Michael, no vas a reunir ni 25 centavos. Nadie te contratará.
Una serie de amigos y colegas guionísticos inauguramos un intento de tradición que consiste en quedar cada mes o mes y pico en casa de alguno de nosotros para tomar unas cervezas, charlar sobre nuestras vidas y avatares profesionales y ver una película que elige el dueño-inquilino de la casa en la que nos reunamos. Falté a la primera cita, pero ayer tuvo lugar el segundo encuentro con una maravillosa elección: Un cadáver a los postres.
Da gusto ver una película que no se toma en serio a sí misma, que está plagada de chistes y situaciones divertidas, que juega a la parodia sin ningún tipo de pudor y que rebosa de eso que el Guionista hastiado se preguntaba una vez qué era: humor inteligente.
No busquéis lógica en su argumento, no busquéis lógica en sus puntos de giro, de hecho, no busquéis lógica, sólo dejaos seducir por una serie de gags verbales, de vueltas de tuerca a las convenciones del género y gozad. Bien es cierto que tras varias cervezas uno está más listo para reír, pero yo la había visto hacía bien poco y también me lo pasé en grande tras una simple coca-cola.
Es mucho mejor disfrutarla en versión original, porque los actores están geniales, pero os dejo con la versión doblada de uno de los memorables diálogos de la película, el de Bensonseñora (en inglés: Bensonmum).
Misión cumplida, escaleta rehecha, aprobada y dispuesta para pasar a convertirse en guión. Pero como aún así no tengo mucho de lo que hablar ahora mismo os dejo dos o tres cositas.
Primero, una entrevista que le hacen a Lluis Marco en 20 minutos y en la que habla entre otras cosas de MIR y Hospital Central. Aquí está.
Segundo unos valiosos y sencillos consejos que nos da El guionista hastiado para que seamos si no mejores personas, al menos sí mejores guionistas (o más efectivos). Aquí los podéis leer.
Y para terminar, en Vayatele, nos cuentan que HBO busca sustituto para Los Soprano. Difícil lo tiene. Pinchando lo leeréis.
Como hago en esos días en que no tengo tiempo para ponerme a escribir en el blog (sí, amigos, la escaleta del 187 cayó como plomo y estamos haciendo una nueva), os dejo con una nueva entrega de lo que llamé "Infancia catódica". Aunque parezca que el breve relato que viene a continuación no tiene mucho que ver con la tele, esta historia fue el pequeño germen de la idea que después se convirtió en el guión Los huesos de Manuel, que como sabéis los que me visitáis a menudo, quedó entre los finalistas del Premio Pilar Miró de Guiones de TV. Ahí lo lleváis.
Correría el año 77. Mi hermano tendría un año y mi otro hermano aún no había nacido. Y ese año, los Reyes de España hicieron una gira por los pueblos de su país.
Mi madre tenía que quedarse a cuidar del pequeño, de manera que ahí íbamos los tres hombres - mi padre, mi hermano y yo - con nuestras mejores ropas camino de la Plaza del Ayuntamiento. La plaza estaba repleta de gente. Los balcones del ayuntamiento habían colgado sus mejores estandartes. Y algo que me llamó mucho la atención fue que habían pintando los troncos de los naranjos con cal o algún tipo de pintura blanca.
Mi padre nos metió en medio del bullicio, y al momento, allí estaban: los Reyes de España. Como éramos muy pequeños, mi padre nos iba turnando sobre sus hombros a mi hermano y a mí para que viéramos bien.
Era muy niño, pero aquello me encantó. Sentí que mi pueblo era importante porque alguien que salía en la tele había venido y nos había saludado a todos. Por primera vez experimenté la sensación de pertenecer a una masa.
Eso sí, lo único que recuerdo del discurso es que el Rey dijo en más de una ocasión su famosa coletilla: "La Reina y yo..."
En la foto estoy en algún banquete de la época con mi hermano mayor y una prima.
Se acerca la Semana Santa, así que la semana pasada me atreví e hice mis primeras torrijas, que para todo tiene que haber una primera vez. Os lo cuento.
Primero se compra un pan especial para torrijas. Yo no sabía que existía tal cosa, porque mi madre suele hacerlas con pan de molde. Pero en el hiper encontré una barra que decía precisamente eso "Pan de torrijas", y después me enteré de que realmente es el mejor para hacer este dulce. Después ponemos un litro de leche con un trozo de canela en rama y una cáscara de limón a hervir. Cuando se calienta, añadimos seis cucharadas soperas de azúcar y lo dejamos hervir unos diez minutos. Apagamos el fuego y esperamos a que la leche se quede templadita. Cortamos a continuación el pan en rebanadas gruesas, como de tres centímetros cada una. Dejamos que cada rebanada se empape en la leche y las vamos pasando por huevo batido. Ahora vamos echando las rebanadas en aceite bien caliente y dejando que se doren por fuera.
Vamos apartando las rebanadas fritas en un plato con un papel absorbente para que suelten el exceso de aceite. A continuación ponemos en una sartén teflón un poco de agua y bastante miel y lo calentamos. Cuando empiece a hervir, pasamos cada rebanada por esta miel rebajada, vuelta y vuelta, y las reservamos en un cuenco que se pueda tapar para guardarlas (De lo de la miel no hice fotos, me olvidé). A mí se me pasó por alto, pero la miel que sobre se puede echar por encima de todas las torrijas, con lo que se empapan aún másl. El resultado final es éste:
Ya no queda mucho para que comience la emisión de Hospital Central. Como aperitivo, os dejo un artículo en el que podréis ver algunas fotos de la grabación del primer capítulo de la decimotercera temporada. Ya sabéis, sólo tenéis que pulsar sobre cada imagen para ampliarla.
La ignorancia tiene una gran virtud, y es que partiendo de ella se puede llegar al conocimiento. Quien no ha visto nunca, por ejemplo, Eva al desnudo, tiene la suerte de que podrá verla por primera vez.
Gracias a la ignorancia (y a un poquito de curiosidad) yo he llegado a una novela que, al menos en sus cien primeras páginas, me está encantando.
Fue empezar la primera página y quedar atrapado por la sencillez con que está todo contado (supongo que los traductores también tienen algo que ver), con lo cotidiano que resulta todo, con cómo poco a poco, casi de manera imperceptible, se van introduciendo elementos que van creando distorsión en un mundo rutinario, con la información hábilmente dosificada, con las expectativas que va generando la lectura.
Éste sí, éste es uno de esos libros que me llama desde casa para que siga leyendo.
El otro día comentaba que no tenía tiempo para escribir aquí porque estaba metido de pleno en la escaleta del capítulo 187. En ello sigo. Probablemente mañana entreguemos una primera versión. Y no es la primera vez que hablo de la dichosa "escaleta". Incluso he llegado a subir la foto de los post-its que usábamos para organizarnos. Pero hoy, con la cabeza repleta de secuencias que van y vienen, de personajes que pasan de un sitio a otro, de mezclar, barajar, organizar, sustituir, me he dicho: "muchos de los que pasan por aquí no trabajan en el medio", y he pensado que sería buena idea subir la foto de una página de una escaleta. Para la ocasión he escaneado una página de la del último capítulo de la decimosegunda temporada, aquel de los cuentos. Hay muchas formas de escaletar, y probablemente guionistas que trabajen en otras series lo hagan de otra forma, pero aquí os dejo la imagen de cómo lo hacemos en Hospital Central. Sólo tenéis que pinchar sobre la imagen para ampliarla. Los nombres en rojo son los personajes que aparecen en cada secuencia. Ah, y como véis en una secuencia aparece Dávila, pero después no aparecía en el capítulo y hubo que sustituir todas sus intervenciones.
Mi chica me dijo ayer que cuando ella vio la foto solamente pensó: "Vaya dos niñas más pijas". Esa es una conclusión bastante lógica al ver a dos pequeñas de cinco o seis años vestidas y maquilladas como mujercitas. Pero de ahí a decir que "incita a hacer turismo sexual". Cielo santo, hay que tener la mirada pervertida previamente para pensar así. Es como si ponen la foto de una oveja y se acusa de incitar a la zoofilia.
Estoy de acuedo con que hay que cuidar a los niños, hay que protegerlos, etc., etc., pero si de algo se puede acusar a la publicidad es de usar a menores con fines puramente comerciales. Quien vea en esa foto de las dos niñas una incitación al turismo sexual posiblemente babee por cualquier playa con la visión de pequeñines desnudos. Tal vez al que ha puesto la denuncia es a quien hay que vigilar.
Menuda bronca le habrá caído hoy al pobrecito Rajoy. Papá Aznar se habrá enfadado mucho y se habrá mesado con ira su límpida melena cuando ayer escuchara a Rajoy contradecir su afirmación de que los que planificaron el atentado del 11M no estaban en remotos desiertos ni en lejanas montañas.
Pero la cosa tiene su lógica. Como ya no necesitan esa teoría para atacar, porque ahora tienen el caso De Juana, Rajoy ha decidido que mejor no seguir removiendo esos barros, y dice que no tiene ni idea de si fue o no ETA quien atentó.
Tras lo de las armas de destrucción masiva, está claro que esta gente se va enterando de la verdad con años de diferencia. Y eso es un peligro para gobernar.
Ahora que está de moda 300 y que estoy sin tiempo para escribir aquí (enfrascado en la escaleta del capítulo 187), sólo diré que hoy este blog mío y vuestro ha llegado a las 50.000 visitas. Brindo por los que os pasáis por aquí.
No voy a hablar de una nueva franquicia de esa serie de tanto éxito, sino de una película de 1963: El infierno del odio, de Akira Kurosawa.
La vi ayer y me quedé enganchado desde el minuto dos. Para quien no la haya visto, voy a intentar no desvelar mucho sobre su argumento, pero básicamente es una película dividida en dos partes.
En la primera descubrimos un secuestro con petición de rescate (con un interesante giro que tampoco voy a descubrir), y Kurosawa transmite toda la angustia de la situación con el recurso de recluirnos en la casa del chantajeado, como si de una obra de teatro se tratase. Para aumentar nuestra angustia, tienen además que cerrar todas las cortinas (para que el secuestrador no vea desde fuera que ha llamado a la policía). Ese ambiente opresivo, de (permitidme la pedantería), kammerspielfilm, se acaba a la primera hora de la película para pasar a paisajes más amplios, a los arrabales de la ciudad, al mar... Con esto, vemos más difícil que la policía encuentre al secuestrador.
Porque de eso es de lo que va la segunda parte, de cómo la policía investiga y va cercando al secuestrador, con muchos datos que ahora hemos visto mil veces en C.S.I. y similares, pero supongo que resultarían novedosos en 1963.
Kurosawa es un maestro cambiando los puntos de vista según interese a la historia: del chantajeado al jefe de la policía, a los policías de a pie, al padre del niño secuestrado, incluso al secuestrador.
En fin, que no conocía la película y me alegro mucho de haberla visto.
Hoy arranca el Festival de cine de Málaga con la proyección de la película Lola, la película (perdón por la redundancia, pero es que se llama así). Realmente, Lola Flores es un personaje con una vida muy interesante que merece la pena ser llevada al cine. Me pregunto qué habrán hecho con historias un poco peliagudas como los supuestos malos tratos de Manolo Caracol hacia ella o algún que otro aborto. Habrá que verla.
Y a raíz de esto se me ha ocurrido la siguiente pregunta: ¿de qué personajes os gustaría ver reflejada su vida en una película? Empiezo yo.
Alguien que puede dar para muchos minutos es Michael Jackson, y, como siempre dice mi compañero Guillermo, el director tendría que ser Tim Burton. Puede ser tanto un profundo drama humano como una sentida película de terror.
Para no cambiar de nombre de pila, cuando hace tiempo leí la autobiografía de Michael Caine (no encuentro enlace sobre el libro en cuestión, Mi vida y yo, así que enlazo una biografía en internet) también pensé que esa vida de excesos, mala y buena suerte y vaivenes daba para una buena película, e incluso para una buena miniserie.
Yendo al terreno patrio, un personaje que siempre me gustó es Silvio Melgarejo, rockero sevillano no muy conocido en el resto de España, pero con una vida y una personalidad muy interesantes (Ya hablé sobre él en una ocasión).
Y para que no hablemos sólo de artistas, como las historias de poder y riqueza dan mucho juego, creo que la vida de Ramón Areces, fundador de El Corte Inglés, podría transformarse en una película bastante maja, siempre y cuando nadie quisiera censurar que aparecieran sus partes más oscuras. No sé si las tuvo, porque no conozco mucho sobre él, pero ya se sabe, quien amasa una fortuna no tiene por qué ser un ogro, pero desde luego no puede ser una hermanita de la caridad.
Bueno, yo he iniciado esta lista con esos cuatro nombres, no sé si os apetece seguirla, pero os lanzo la pelota. ¿Alguna vida más?
Había una vez un pueblo que apenas llegaba a los diez mil habitantes. No recuerdo ahora si estaba en Teruel, en Sevilla, en León o dónde, pero tampoco importa mucho.
Hace unos años, en el pueblo se creó un equipo de fútbol. Al principio los muchachos jugaban por afición, sin cobrar. Y nadie les exigía nada. Poco a poco el equipo empezó a dar resultados y a hacerse más profesional. Al cabo del tiempo consiguió llegar a las ligas regionales. Incluso de vez en cuando salía un jugador tan bueno que era comprado por otro equipo, incluso alguno llegó a jugar en primera división.
Y entonces, cuando el equipo jugaba en su liga, la gente del pueblo empezó a compararlo con el Real Madrid. Y todos empezaron a criticarlo. Unos decían que ese equipo jamás había ganado una Copa de Europa, otros que nunca hacían jugadas tan brillantes como las de Raúl y compañía, otros que preferían mil veces ver al equipo de las estrellas, que esos sí que sabían jugar, que al equipo de su pueblo, que no eran capaces de subir ni a Segunda B. Y un señor, el periodista del pueblo, dio con la clave (según él). Escribió en su periódico que lo que pasaba era que en el fútbol local no había talento.
Bueno, imagino que habéis visto claro dónde quería llegar. Es que ayer no solté todo lo que llevaba dentro, y tras leer en el post de Guillermo una referencia a Francia, me dí cuenta de qué era lo que me faltaba por soltar.
Nosotros, la ficción española, somos ese equipo local. Ellos, la ficción estadounidense, son el Real Madrid. ¿Por qué si a nadie en su sano juicio se le ocurre comparar al Lora CF, por poner un ejemplo, con el Real Madrid, nos parece tan normal comparar las series españolas con las americanas?
Nuestra liga es otra. En la tabla de clasificación compartimos vestuario con Italia, con Alemania, con Francia, con Portugal... Comparémosnos con ellos. Alerta Cobra, por ejemplo, no es, a mi modesto parecer, mejor que El Comisario, y eso que tiene una producción para quitarse el sombrero.
El Real Madrid tiene nemecientos mil afiliados por todo el mundo, con sólo sacar una camiseta al mercado saca pasta para pagar a todos los del filial. El equipo de mi pueblo nisiquiera tiene filial.
El corporativismo es algo que se considera normalmente propio de ciertas profesiones como la médica o la periodística. Sin embargo, en España, en el mundo del guión, los propios guionistas solemos criticar bastante a todas las series españolas (generalmente exceptuando la serie en la que cada uno trabaja, pero es que si no crees en ella, apaga y vámonos), pero nos suelen encantar las series americanas.
Sin embargo, me toca un poco los cataplines una tendencia bastante general hoy en día de decir que todas las series españolas son malas y todas las americanas son buenas, hasta he llegado a leer que cualquier serie mala americana es mejor que la mejor española (quien haya escrito eso no habrá visto esas series casposas que de vez en cuando se ven en Antena 3 o La 2, sin contar con las que no llegan aquí).
Hoy he llegado a un artículo de El Mundo en que se acusa a las series españolas de ausencia de talento. Lo peor del artículo es que critica que se recurra a la muerte de un personaje para subir la audiencia, como si eso fuera algo inventado por los españoles. Por Dios, que ese recurso es tan viejo como la costumbre de narrar. Y si de series hablamos, mucho más, incluso en las americanas, os lo juro por Pamela (la de Dallas), o por Billy (el de Ally McBeal), o por el Doctor Mark Green (¿por qué no recurrir a esa serie que copiamos?). Critica también que se recurra al cameo. Como si las americanas no lo hicieran. O que Los Hombres de Paco recurra a poner un número musical (como si en Buffy Cazavampiros, por ejemplo, no hubiera habido un capítulo entero que era un musical).
Hoy me siento corporativista y afirmo con rotundidad, señores, que los golpes de efecto no son exclusivos de la series españolas, y que el talento no es exclusivo de las series americanas. No voy yo a decir que aquí haya alguna serie que llegue al nivel de Los Soprano (aunque también es verdad que no hay ninguna cadena de cable que apueste por productos así), pero yo me he visto las cinco primeras temporadas de Los Soprano (mi serie favorita) y me parece recordar que hay alguna que otra muerte de personajes importantes.
Creo que hoy queda bien ver con actitud crítica nuestros productos, como si fuera catetismo que nos gustaran, y cuando uno ve con actitud crítica algo, siempre va a encontrar fallos. Sin embargo, las series americanas las vemos on cierto relajo en la mirada, con la mente abierta, y dejamos pasar cosas que aquí no perdonaríamos.
Nunca he visto tantos golpes de efecto por minuto como en Prison Break, pero parece que todo el mundo está de acuerdo en que es una serie genial. Vale, engancha, pero tiene más trucos que el Magia Borrás .
Desde mi corporativismo desaforado y sin argumentos, hoy aseguro que en España tenemos ganas de trabajar y talento... ¡coño! (Vaya, he recurrido a un golpe de efecto en forma de taco, la cagué al final).
Aunque hacen referencia a esos minutos anteriores a los títulos de crédito, de lo que voy a hablar no es exactamente eso, a mí al momento me vino a la cabeza (no sé por qué) el inicio de Ciudad de Dios. En verdad se trataba de los títulos de crédito con ese gallo correteando por ahí mientras alguien afilaba el cuchillo. Me he puesto a buscarlo en youtube y me he encontrado con una sorpresa. Un tal "naniduelo" ha colgado la primera versión de esos títulos de crédito, donde ya aparece la gran afición-salvación del protagonista: la fotografía. No me he resistido a subirlo. Aquí lo tenéis.
Como a la vuelta de casi una semanita en mi pueblo me encuentro con que ando escaso de tiempo para presentar las tramas del capítulo 187 de Hospital Central y no tengo mucho tiempo para escribir un post, recurro a plantar aquí la tercera entrega sobre mi "Infancia catódica". La anécdota de las diecisiete pesetas tiene algo que ver con la tele en cuanto fue mi fascinación por Pipi Langstrump lo que lo originó todo:
No estoy totalmente seguro de que fueran diecisiete pesetas, pero esa es la cantidad que se me viene a la cabeza cuando recuerdo aquello.
Por aquella época triunfaba en la tele la serie Pippi Calzaslargas, que a mí me tenía totalmente subyugado.
"La Pelá" vendía unos paquetes de pipas, en bolsa de plástico amarilla, en las que venían cromos de la serie. Como todo niño que se precie, yo hacía la colección.
Hasta ahí, todo correcto. Pero un día mi madre me mandó a comprar una botella de Coca-cola, o de Casera-cola o de la cola que se comprara en aquel entonces. Y me dio diecisiete pesetas.
Yo fui a la casa de "La Pelá", entré y le pedí el refresco, pero me dijo que se le habían acabado. Vi el cielo abierto. Tenía en mi poder diecisiete estupendas pesetas con las que poder hacer lo que me viniera en gana. Diecisiete pesetas a una peseta por bolsa de pipas eran diecisiete bolsas, lo que equivalía a ¡¡diecisiete nuevos cromos!!
Casi no me cabían en las manos. Llegué a mi casa contentísimo con mi cargamento de pipas, pero, al contrario de lo que esperaba, mi madre se enfadó muchísimo. ¿Qué había hecho con la Coca-cola?
-Es que no había.
Ese razonamiento no parecía valerle. A fuerza de suplicar, me dejó quedarme con dos o tres bolsas, pero tenía que ir a descambiar el resto.
Allí iba yo, otra vez calle abajo camino de la casa de "La Pelá" con mis catorce o quince paquetes de pipas. Cuando le dije que quería que me devolviera el dinero equivalente a aquellas bolsas, ella lo hizo, pero también se enfadó conmigo y también me cayó una tremenda bronca.
Creo que en ese momento deseé con todas mis fuerzas ser adulto, algo que seguí deseando siempre que me caía una bronca.
En la foto, mi hermano mayor y yo en el sardinel de una casa, años antes de la anécdota en cuestión.
¿Hijos de los hombres y The host en el mismo post? Probablemente esto no hubiera ocurrido así de no ser porque he visto las dos películas con escasas horas de diferencias. Y creo que tienen cosas sobre las que hacer comparaciones. Empiezo por la primera. Había oído hablar muy bien de Hijos de los hombres. Y me he encontrado con una película rodada como Dios, con algunos momentos en los que gracias a la realización han conseguido que me meta en la piel del protagonista y sufra con él. Sobre todo en la primera emboscada en el bosque (quien la haya visto sabe de qué hablo) y en esa huída con el coche en punto muerto (idem de lo mismo). Pero a partir de aquí todo se convierte en una huída sin más, en ir de un punto A a un punto B, para llegar a un punto C en el que partir hacia un punto D. Y punto.
Sí, puede salir una gran película simplemente con una huída, el escape es un tema universal y ha dado lugar a grandes obras. El problema es que el arranque de Hijos de los hombres se envuelve en una especie de halo pseudorreligioso-pedante que hace que uno espere algo más de su desarrollo. Ya dice el dicho que quien mucho abarca poco aprieta y me da la sensación de que en la película han querido tocar demasiados temas y no se han centrado en ninguno. A mí me entretuvo, pero me quedó una sensación de que no me había enterado muy bien de qué iba la cosa. Y para la historia de una mujer recién parida que tiene que huir con un hijo que parece el salvador del mundo, me sigo quedando con la historia de Cristo. Cuando la siguen contando, es que algo tiene. Ahora, mírala cara a cara que es la segunda. Con The host me ha pasado justo lo contrario. El principio puede parecer de una película de simple entretenimiento, y vaya si lo es. Me he tragado las dos horas como si fueran cinco minutos. Y aquí también se trata de gente corriendo de un sito a otro, pero no para huir, sino para encontrar algo. El guión tiene muchos más giros (previsibles o no, pero giros, al fin y al cabo), uno empatiza mil veces más con los protagonistas y quien quiera encontrar mensaje, puede buscar, sin ahondar mucho, una reflexión sobre las mentiras del poder, sobre el poder del pueblo en la democracia, sobre la búsqueda de uno mismo... Y sin poner todo el rato rostros de "qué profundo e intelectual que soy".
Sea como sea, dos buenas maneras de pasar el rato.
Ayer vi Whisky a go go, uno de los primeros éxitos de la productora inglesa Ealing.
Con los ojos de la actualidad, la película es una muestra de pura ingenuidad, de costumbrismo amable, de sonrisas sin risas... En verdad, apenas se puede hablar de giros o sorpresas en todo el metraje, pero es una película de esas que se ven de un tirón con un cómodo gustito en la mirada. Como su título indica, el whisky es el centro de atención de la trama, al que se trata como "agua de la vida" y que parece algo así como la poción mágica de Asterix para los habitantes de la pequeña isla.
Cual Fuenteovejuna, todos los habitantes se unen cuando de conseguir la bebida se trata, da igual que lo que tengan que hacer no sea demasiado legal. Y en esa unión del pueblo está lo mejor de la película, en el retrato costumbrista de sus gentes, su picaresca, sus pequeñas bondades y sus pequeñas miserias... Es curioso cómo el mismo realismo costumbrista se extendía por el cine europeo con pocos años de diferencia.
Lo único que no me gusta de esta película (es un spoiler pero da un poco igual) es ese epílogo moralista. Cuando todo el pueblo disfruta del whisky sustraido irregularmente, una voz en off nos dice que el pueblo después fue infeliz porque el precio de la bebida subió y que sólo fue feliz la pareja que no bebía. Vaya forma de tirar por la borda todo lo conseguido durante la hora y cuarto previa.
'Los que siembran vientos recogen tempestades. Los profesionales y los dirigentes somos los que peor nos hemos portado y tenemos que recapacitar porque nuestras palabras tienen mucho peso en el comportamiento de algunos que no necesitan demasiado para cometer estas barbaries'
Casi todos sabemos que estas palabras las ha dicho Juan de Dios Ramos tras salir del hospital por haber recibido un botellazo en el partido de Copa del Rey Betis-Sevilla. Además, dijo esto:
'Todos tenemos que insistir en que dos no se pelean si uno no quiere. Se ha alimentado en estos días mucho la violencia y la agresividad, se ha echado gasolina donde sólo se admitía mucha agua y de algún modo hemos provocado a los violentos'
Ahora vamos a hacer un ejercicio. Vamos a imaginar que estas palabras no están relacionadas con el fútbol, sino con la política y que las ha dicho no un entrenador sino uno de esos dirigentes políticos que cada día echan espuma por la boca (y no hace falta que reciba un botellazo).
Ya dije ayer que estoy pasando unos días tranquilamente en mi pueblo. Aquí me creía lejos de los atascos (en mi pueblo también los hay, pero nada que ver con los de Madrid), lejos de las grandes obras (en mis pueblo también las hay, pero nada que ver con las de Madrid), lejos de las prisas (de eso no hay tanta)...
Pero no puede ser. El señor Gallardón, empeñado en que todos los que viven en Madrid lo voten en las próximas elecciones, se ha enterado de que me he ido unos días y se ha puesto manos a la obra. Ayer estaba tan pancho viendo la tele, cuando vi, no una, ni dos, sino hasta tres veces, un anuncio en el que el Madrid de principios del siglo XX se iba transformando hasta un Madrid-Blade Runner del 2007. Una voz me pregunta entonces: A lo que yo respondí: !!!AAAAAAAAGGGGG!!! ¡Déjame en paz!
Cielo Santo, ni escapándome a más de quinientos kilómetros de Madrid me libro del señor Gallardón y su cháchara barata. Bueno, de barata nada, que Dios sabe la cantidad de dinero que se habrá gastado para que el anuncio de un ayuntamiento se vea en toda España. Si eso lo hace un municipio catalán, ya me veo yo a Acebes diciendo cualquier cosa sobre la unidad rota de España.