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martes, mayo 05, 2009

Nada en común


Hace un par de semanas vi una película de la que no tenía ni idea: Nada en común, una película de Garry Marshall (sí, el de Pretty Woman), protagonizada por Tom Hanks.

Pronto me di cuenta de que es otra de esas grandes pequeñas películas. Lo que le falla a día de hoy es que es una película con una estética muy de los ochenta, y no me refiero al estilismo (para eso el ejemplo es Armas de mujer), sino a una música hortera a más no poder y a algunos montajes tipo video-clips ñoños o a alguna que otra cámara lenta que no viene muy a cuento. Pero todo se perdona, porque la película te va atrapando, al menos conmigo lo consiguió.

Tom Hanks es David Basner, un creativo publicitario de éxito que vendría a ser algo así como si el personaje de Big hubiera crecido y se hubiese dedicado a la publicidad. Lo que comienza como una comedia sobre un ligón con complejo de Peter Pan, se va transformando poco a poco en cuanto recibe la noticia de que su madre ha abandonado a su padre tras treinta y seis años de matrimonio. A partir de ahí, la película se convierte en una preciosa, realista y dura reflexión sobre las relaciones tanto de pareja como, sobre todo, las paterno-filiales.

Da gusto ver cómo se puede tratar con tanto acierto este tema desde una perspectiva que no deja de ser comercial. Hoy día este mismo argumento o se hace como película "independiente" (ya me entendéis) o se hace una patochada sobre un tio mayor que pasa a tener diecisiete años de repente o algo así.

Si no la habéis visto, no os la perdáis. Yo, por lo menos, no me arrepentí.

miércoles, marzo 04, 2009

FX Efectos Mortales

Vamos con la segunda entrega de la serie Grandes pequeñas películas. Le toca el turno a FX, Efectos Mortales. Vista hoy, hay bastantes cosillas que cantan un poco, pero, oye, cómo cuelan.

FX es una película de esas que te atrapan en el minuto uno y te sueltan en el noventa. No hay nada como tener a un personaje inocente y con una vida relativamente normal envuelto en una gran conspiración. Ya Hitchcock nos hizo sufrir en más de una ocasión con el mismo esquema.

Lo bueno de esta película es que el protagonista juega con sus propios recursos y sorprende a los malos tanto como al espectador. Mientras los malos van cayendo en sus trampas, tú te lo pasas como un niño.

Una cosa curiosa de esta película es que yo recordaba al personaje del policía como bastante importante, y cuando la volví a ver hace unos meses me sorprendí de que no apareciera hasta muy avanzado el metraje. Ahí se demuestra que, contra lo que creen muchos actores, la importancia de un personaje no depende de sus minutos en pantalla.

No he vuelto a ver la segunda parte, pero recuerdo que me lo pasé tan bien como con la primera, será cuestión de buscarla.

miércoles, diciembre 17, 2008

Grandes pequeñas películas: Cowboys de ciudad

En la historia del cine hay películas enormes, obras maestras que ponen a casi todo el mundo de acuerdo sobre su grandeza. Pero eso no es la magia del cine. La mítica de este medio no reside tanto en esos títulos elevados a la categoría de arte, como de una gran cantidad de títulos menores, películas que nos llenan una tarde de domingo o una noche de jueves, obras sin excesiva trascendencia que cumplen con creces su función de divertir, entretener, e incluso a veces hacernos reflexionar. A mí, personalmente, me gustan mucho esas películas que nacen sin pretensiones y que te sorprenden mucho más que las que ya nacen con el halo de objeto de museo.

Por eso quiero inaugurar esta nueva sección en el blog en la que hacer un repaso a las que para mí son grandes pequeñas películas, títulos que no figurarán en demasiadas enciclopedias sobre el cine, pero con las que disfruté mucho.

Y empiezo con Cowboys de ciudad. El tema, efectivamente, es algo muy manido: la crisis de mediana edad de un neoyorkino cansado de su vida se soluciona con un fin de semana de aventura compartida con sus amigos. Lo mismo que Deliverance trató con bastante drama y angustia, aquí se enfoca desde una perspectiva humorística.

Cowboys de ciudad consigue que mantengas la sonrisa nostálgica durante toda la película. La conversaciones entre los amigos vienen a ser una especie de evolución de aquellas conversaciones de chavales de Cuenta conmigo. Un toque de pedantería, un toque de ingenuidad y otro de dolor producen una receta inolvidable en estos diálogos.

Volví a verla hace poco y me sorprendió el escaso tiempo que Jack Palance sale en pantalla, porque en el recuerdo su personaje había crecido mucho (tal vez sea porque hicieron una segunda parte en que volvía a salir, aunque haciendo el papel de su hermano gemelo).

Y hablando de Jack Palance, tampoco hay que desmerecer a los demás secundarios, sobre todo los dos amigos de Billy Cristal, (Bruno Kirby y Daniel Stern) con sus típicas tramas secundarias de perdedores redimidos en la aventura.

Pero es que lo típico, a veces, funciona de mil maravillas.