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jueves, julio 30, 2009

De viaje I

Si Dios quiere y todo va bien, hoy estaré aquí:

miércoles, julio 29, 2009

martes, julio 28, 2009

Recuerdos mineros

En mi época de estudiante universitario (tiempos casi prehistóricos) comencé a aficionarme un poco al flamenco. Empecé copiándome cintas de mi amigo y compañero de piso Rogelio para llevarlas en el walkman (en aquel tiempo aún no se llamaba a esto "piratear"). Lo primero que copié fue bastante de Camarón y de Antonio Mairena. A día de hoy, casi veinte años después, sigo pensando que fue en aquella época cuando más disfruté escuchando flamenco.

El flamenco me sigue gustando. No soy un entendido y me pierdo en distinguir los palos más jondos, pero la piel se me sigue poniendo de gallina. Digo esto porque el sábado pasado fui a ver el concierto de Diego el Cigala y Tomatito para Los Veranos de la Villa, cerquita de mi casa, en el escenario Puerta del Ángel. Y casi al principio, el Cigala cantó aquel taranto de "Maldito sean los dineros que ganamos en la mina, yo gastármelos prefiero aunque viva en la ruina, por si de pronto me muero".

Pues bien, en el verano del año 90 me fui a buscarme un poco la vida a Londres, a trabajar un par de mesesitos y aprender algo del idioma. Fue una experiencia enriquecedora pero un poco dura. Cuando llegaba a la minúscula habitación del hotel al caer la noche, me duchaba en la ducha común y me metía en la cama con mis auriculares. Ese taranto cantado por Camarón, no sé por qué, era uno de los temas que más me gustaba escuchar. Así que cuando el concierto del otro día casi empezó con él, fue como un golpe en la cabeza que me hizo viajar instantáneamente hasta aquellos lejanos días.

Ya me habían ganado para el resto del espectáculo.

La cita

¿Que por qué quiero que llegue marzo del año que viene?

Por esto:

lunes, julio 27, 2009

El precio de correr

Ayer fui a correr a Lavapiés. No es que me diera por ahí, era algo organizado. Participé en la vigesimoséptima edición del Trofeo Popular San Lorenzo. Me tomé la carrera con tranquilidad, sin intención de hacer tiempo, y la verdad es que disfruté de sus 10.600 metros por todo el centro de Madrid.

Pero como en los últimos dos meses he corrido tres carreras populares, me ha dado por preguntarme una cosa: ¿por qué en Madrid las carreras son más caras y te dan menos cosas? No es que la pregunta se asente sobre una base científica, pero... bueno, os cuento.

La inscripción a la carrera de Lavapiés me costó ocho euros. A la llegada a meta me dieron una camiseta técnica y la medalla (además de la consabida botella de agua y refresco o bebida isotónica).

Otra carrera que corrí hace poco en Madrid fue la Carrera Urbana de Carabanchel. Creo recordar que la inscripción fueron seis euros. A la llegada a meta me dieron una camiseta elástica (que no técnica) y un poco de fruta. No había medalla ni trofeo.

También participé en la Carrera Nocturna de Dos Hermanas. Y aquí es donde viene lo bueno. La inscripción me costó sólo dos euros. A la llegada a meta me dieron una bolsa con (cito de memoria, así que seguro que había más cosas): una camiseta técnica, un bocadillo de salchichón, una botella de agua, dos paquetes de tres mini-bricks cada uno de caldo Aneto, dos botellitas de Cola-cao, dos botes de Bocadelia, una muñequera, un zumo antioxidante, dos minibotellitas de aceite de oliva, otras dos de vinagre, y un trofeo conmemorativo. Y, además,la carrera estaba bastante bien organizada.

Si con dos euros y un puñado de patrocinadores se puede dar tanto, seguro que en Madrid no es tan fácil, no digo que no, pero ya entre corredores que se dedican más a esto que yo he empezado a oír que hoy en día hay mucha gente que empieza a organizar carreras populares como churros porque han visto que se trata de un negocio como otro cualquiera. Y no digo que sea el caso de las carreras que yo he corrido, veteranas en el calendario de Madrid.

ACTUALIZACIÓN: Si pincháis aquí podéis ver, gracias a Corriendovoy, el momento de mi llegada. Levanto el brazo bajo la meta en el minuto 58:38 (ya dije que me tomé la carrera con tranquilidad).

domingo, julio 26, 2009

La gestión del miedo

A estas alturas, todos sabemos que la gestión del miedo es uno de los activos de los gobiernos y un recurso económico más.

Todos sabemos también que los datos se pueden interpretar de múltiples maneras, según se quiera transmitir una idea o su contraria.

Sea como sea, os recomiendo echar un vistazo al siguiente vídeo. En él, unos argentinos nos cuentan en más de nueve minutos lo que podrían contar en tres (como buenos argentinos), pero aún así es interesante. Habla sobre la peste porcina y el negocio que genera. Nada que no sospecháramos.

viernes, julio 24, 2009

Relatia, número dos

Hace tres meses os informaba de que la revista digital Relatia adelantaba el prólogo de mi primera novela.

Pues bien, hoy sale a la luz el número dos de Relatia, en que dicho prólogo ocupa la portada.

Si no lo leisteis en aquella ocasión, tenéis una nueva oportunidad. Y, de paso, podéis ojear los demás relatos de este nuevo número y el interesante editorial.

De momento la novela sigue inédita.

jueves, julio 23, 2009

House of Saddam

Este fin de semana me vi la miniserie House of Saddam. A estas alturas, seguro que ya sabéis que se trata de una coproducción de la BBC y HBO sobre Saddam Hussein.

Yo me he visto la serie casi sin respirar, disfrutándola, y eso que no soy muy dado a la ficción histórica. Porque esto no es una ficción histórica, es casi una versión de El Padrino en Oriente Medio (salvando las distancias, claro). Lo mejor de esta serie no es la recreación de los hechos reales, sino la interpretación de todo el asunto interno. En verdad House of Saddam no trata de política (o no es lo más importante), sino de ambición, poder, pasión, violencia y, sobre todo, familia.

Os dejo con un trailer centrado en su hijo descarriado. La realidad supera a la ficción y Saddam, como un buen mafioso de celuloide, tenía al parecer un primogénito que era un tipo violento y descerebrado y otro hijo menor que era todo inteligencia.

martes, julio 21, 2009

Tecleando mecido por la brisa automática de un ventilador Bluesky

El título del post hace referencia al estado actual en el que me encuentro.

La pizarra que veis tenía hasta hace unos días notas para hacer la escaleta del segundo capítulo que escribo de la nueva serie en la que trabajo: De repente, los Gómez. No lo he dicho antes no por nada, ya que no era un gran secreto, sino porque no veía el por qué.

Tampoco es que hoy lo vea, pero estoy escribiendo el capítulo nueve, necesitaba hacer una pausa y me he venido al blog. ¿Y sobre qué voy a hablar si no es sobre lo que ahora mismo ocupa mi cabeza? Pues eso.

He borrado la pizarra y sólo he dejado a mi viejo amigo Maki para hacerme compañía. En el fondo, si lo pienso un poco, el protagonista masculino de la serie guarda algún parecido, incluso físico, con este personaje.

En fin, voy a dar un paseo por el piso, abrir el frigorífico y empezar a preparar el almuerzo. Y en septiembre, espero que veáis la serie.

Ah, del título mejor no hablamos, ¿vale?

lunes, julio 20, 2009

Cocinar sin limpiar después

Hace unos meses hice obras en el piso y cambié completamente la cocina. Entre otras cosas, puse vitrocerámica de inducción. Hoy sólo pretendo dar un truco para quien tenga este tipo de cocina y no quiera estar limpiando cada vez que cocina.

Como la inducción no se calienta de por sí, sino que hace que el metal se caliente, cuando vamos a freir o hacer algo que salpique, lo mejor es colocar papel de periódico cubriendo toda la superficie. Encima del papel ponemos la sartén, que funcionará exactamente igual. Si vamos a estar mucho tiempo cocinando, el papel puede llegar a oscurecer porque la propia sartén transmite su calor, no llegará a arder, pero comienza a oler a quemado. La cosa se soluciona con un gesto tan simple como cambiar el papel. No uséis este truco con vitro normal (que sí transmite calor), ni, por supuesto, con gas. Sé que no hacía falta que lo dijera, pero por si acaso.

En la foto os dejo un momento de este uso de ayer mismo, cuando preparaba una masa para croquetas con las sobras de un pollo asado que había comprado el jueves.

viernes, julio 17, 2009

Los viajes de Tuf

Aunque George R.R. Martin terminó de escribirlo en 1986, yo lo he descubierto hace poco. Se trata de Los viajes de Tuf, una colección de relatos de ciencia ficción protagonizados por el mismo personaje y con continuidad temporal. Los acaba de reeditar Ediciones Z en bolsillo.

Tan sólo me he leído de momento los dos primeros relatos, los más largos (más de cien páginas cada uno), y aunque no se encuentra el mismo estilo que en Canción de Hielo y Fuego, la verdad es que en el primero de ellos, George R.R. Martin ya recurre a un recurso que le ha dado muy buen resultado en la saga: el cambio de punto de vista. Todos los que hemos leído Canción... sabemos que su estructura se basa en pasar del punto de vista de un personaje al de otro diferente en cada capítulo. En el primer cuento no llega a hacerlo tan claro, pero en el momento en que comienza una lucha a cinco bandas, cada página (más o menos) nos relata cómo se enfrenta a esa lucha cada uno de los personajes. Así los vamos viendo acercarse al peligro o preparar una trampa, huir hacia lo que él cree la salvación o hacia lo que nosotros sabemos la perdición... Es un recurso que da mucha agilidad a este primer relato.

Por lo demás, las historias son muy entretendias, aunque creo que el personaje principal está retratado de una manera muy exagerada. Sus acciones sibaritas, su forma de expresarse y su forma de interpretar resultan un tanto forzadas. De hecho, a veces me pregunto si Tuf no tendrá el síndrome de Asperger (el mismo tipo de autismo que tiene el niño protagonista de El curioso incidente del perro a media noche).

En todo caso, muy entretenido y recomendable.

jueves, julio 16, 2009

Homenaje

Dicen que cuando Silvio Melgarejo (si no lo conocéis ya estáis tardando) estaba grabando uno de sus discos, la productora le prohibió beber durante las sesiones de estudio. Él, alcohólico hasta la médula, le pidió a una tal Margarita que le pasara algunas cervezas de tapadillo. El premio de esta señora (real o mito) fue esta canción que Silvio canta, cómo no, borracho.


Tal vez por su forma de moverse en el escenario, por su irreverencia, por su forma de actuar totalmente impredecible (aún recuerdo un concierto en directo por la Segunda en que se negaba a subir al escenario), el caso es que me ha recordado al personaje de Tony Clifton, papel que interpretaba Andy Kaufman y que tan bien nos contaron en esa imprescindible película que es Man on the moon. Aquí os dejo con un momentito del auténtico Tony Clifton.

miércoles, julio 15, 2009

Juan Muñoz

Este fin de semana fui al Reina Sofía a ver la exposición del escultor Juan Muñoz. Antes de nada, debo decir que si vivís en Madrid o vais a pasar por aquí, debéis ir a verla.

Pasear junto a sus esculturas es diferente a sólo contemplarlas. Las esculturas (y algunas pinturas que también hay) de este hombre tienen mucha capacidad para contar algo. No estás viendo una pieza de arte estática, sino una historia en cada obra. Pero es que, además, estéticamente, son muy llamativas. Uno no puede pasar junto a ellas sin detenerse. De hecho, me sorprendí porque en un viaje a Oporto vi unas esculturas en un parque que me llamaron mucho la atención y a las que fotografié (es la fotografía de la derecha, con las cabezas pintadas por alguien que se aburría). Mi sorpresa fue descubrir este fin de semana que pertenecían a Juan Muñoz y durante la exposición están en el patio del Reina Sofía.

Cogimos la audioguía y la verdad es que a la cuarta o quinta obra prefería no seguir escuchando, porque han metido mucha palabrería para no decir nada.

Mejor caminar, mirar, sorprenderse y descubrir las sensaciones por uno mismo.

domingo, julio 12, 2009

Aquello era otra cosa

Os tengo tan abandonados, que para que me perdonéis os traigo otra genialidad de estos dos figuras de mundoficción. No hace falta que os los presente.

Disfrutad.

martes, julio 07, 2009

La garrapata que chupa tu pasta

Volví el domingo noche de Barcelona. Pero, aún así, he tardado bastante en decidirme a hablar del concierto de U2, lo que considero sintomático.

Si digo que el concierto no me gustó, puedo parecer un snob y que lo digo por llevar la contraria. Si digo que me encantó, puedo parecer un fan apasionado o alguien que quiere justificar los 96 euros de la entrada. Pues ni una cosa, ni la otra. El concierto no me disgustó, pero me dejó bastante frío, la verdad.

El sonido era bueno, el espectáculo, como su nombre indica, espectacular. Mucha luz, una garrapata gigante en medio del escenario, una pantalla circular que se extendía como si fuera una red, colores, psicodelia... Pero eso no llega si se ve desde la grada de un gran estadio (la foto está tomada desde mi asiento). Es la segunda vez que me ocurre (la primera fue con Bruce Springsteen) e intentaré no volver a tropezar en la misma piedra.

En lo musical, el concierto estuvo bastante bien... hasta los bises. Ahí les dio por tocar canciones del último disco. ¿No notaban que el público estaba más apagado? ¿Cómo se les ocurre largarse dejando ese sabor de boca? Para acabar, hay que tocar algún éxito, hombres de Dios.

Después está la cansina parte reivindicativa, que te la crees poco con tipos que te han cobrado tanto por entrar y que han estafado a una gran parte del público. Sí, señores, porque de 360 grados, nanai. Se venden todas las entradas del estadio, pero el escenario está orientado hacia delante como todos los escenarios tradicionales. Vale que no hay telón y que hay una pasarela (que por cierto no llega a cerrar el círculo). Pero la pasarela apenas se usa, y Bono se volvió sólo dos o tres veces hacia atrás como para decir, bueno, no os quejéis que sé que estáis ahí a 96 euros por persona y viendo mi lejano culo todo el rato. En fin, en ese sentido, una vergüenza.

Eso no quita grandes momentos con grandes canciones.

Ah, y otra cosa, si vais a un concierto al Nou Camp, que no os den la fila veinticinco de la segunda grada, justo encima está el final de la tercera grada y os puede estar cayendo cerveza en la cabeza todo el rato. Y eso que el vaso costaba cuatro euros.

Imagino que si hubiera conseguido una entrada de las de abajo, todo hubiera cambiado, pero como cada uno cuenta la feria según le fue, ésta fue mi feria.

No me llevé la cámara al concierto (las fotos las hice con el móvil), pero os dejo con un vídeo que grabó un privilegiado que estaba abajo. La canción nunca antes la habían tocado en directo.